viernes, 30 de julio de 2010

El secreto.

Un texto de Francisco Antonio Ruiz Caballero.


Cuando me regalaron aquel espejo veneciano no le di ninguna importancia. Una antigüedad más a reparar supuse .Y era cierto. Tuve que emplear cierto dinero en arreglar y dorar el marco barroco de aquel trozo de antigualla. Pero luego vislumbré el secreto de aquel espejo. En la oscuridad de mi dormitorio una noche descubrí que aquel espejo era un portal hacia otros mundos jamás visitados. Mundos de colores distintos, de extrañas mineralogías, zoologías y vegetaciones. Mundos que visitaba cada noche antes de dormir. Me sentaba junto al espejo y tras tres o cuatro minutos de silencio podía entrar dentro de la luna y era fantástico. Ubérrimos jardines de colores extraños se abrían para mí y yo los visitaba como un turista moderno. Los había, aquellos mundos, de una naturaleza absolutamente subyugante, mundos minerales y planos como hechos de coral y de cristal. Y yo me adentraba en las regiones desconocidas sin miedo, totalmente absorto por la belleza. Claro que todo cambió un día en que visité un raro planeta en el que encontré una naturaleza malévola espiándome. Y fue tal mi miedo que al intentar salir casi resbalo por un acantilado y caigo en un mar de magma rabioso que devoraba cuanto caía en sus fauces. Desde entonces tuve más precaución. Y llegó el día en que supe desdoblarme. Me sentaba frente al espejo y me dividía en dos. Mi otro yo salía de mi y entraba dentro del espejo y yo me quedaba sentado en el sillón. La ventaja de aquello era que yo podía observarlo todo pero a la vez me resguardaba de quedar para siempre atrapado en uno de aquellos mundos. Un día mi otro yo murió devorado por una fiera brutalmente espantosa, Pude sentir el dolor de la tortura y la muerte pero al llegar el día estaba a salvo en mi sillón. Y a la noche siguiente pude volver a emplear otro yo. Y visité un nuevo universo. No sé de cuántos otros yo podré disponer pero la suerte ayuda a los osados. No me mueve el afán de hacer fortuna la aventura que corro cada noche. Y por la mañana soy un ciudadano modélico y religioso. Es tan sólo el deseo de visitar las maravillas que pone a mi disposición el espejo lo que me conduce a él en cada anochecer, mi adrenalina a veces, o a veces tengo en las venas un caballo azabache, un cartujano andaluz e indomable, cuando el peligro y el riesgo en la región del otro lado se enrosca en mi como una serpiente. Incluso he soñado fragmentar el espejo para hacer partícipe de mi aventura a algún amigo. Pero no me he atrevido, conozco el viejo cuento de la gallina que ponía huevos de oro. Esta noche, cuando sobre mi ventana vea al sol hundirse en el mar como una naranja y alzarse las diminutas estrellas, volveré a cruzar al otro lado.



viernes, 23 de julio de 2010

MUROS


Ahí están las toscas piedras somnolientas engarzadas en sus milenios sagrados soportando la yesería morisca, los alabastros mal canteados, las injurias de las lluvias y las miserias de una silenciosa dilución arenosa, permanecen inquietas como construidas a destiempo, con desgano de indios azotados y vilezas de godos prófugos de las todas cárceles de todas las Españas, sin solución de continuidad entre los muros de adobes y el grande portalón de madera reseca con su aldabón de hierro sucio fingiendo una garra de águila sobre una bola estridente (i), que intenta mantener su rústica artesanía a contrapelo del orín de las centurias. Ahí las cristaleras de colores charros con sus verdes, azules, rojos y amarillos chillones como desplumes de guacamayos o carnavalito de pobres, y las tiras de plomo trazando las siluetas de los santos, los profetas, las santas y las vírgenes, al Crucificado atrapado para siempre en el Madero por los trozos de vidrio tintados de color en su propia sopa hirviente y realzados con claroscuros de grisalla, con la masa de los vidrios llena de burbujitas e impurezas que desgranan la luz en miles de agujas de destellos colorinches de los mismos colores charrientos, aunque sin diluir las figuras con la irradiación de los ventanales porque la composición llena un espacio sin profundidad, donde todo esta detenido en esa tarde policromada del primer Viernes Santo. Ahí arriba los sumideros; grifos, gárgolas, quimeras, dragones y sonrientes demonios, “bestias mitológicas y legendarias que desde sus atalayas contemplan el paso de los siglos en perturbador silencio. Guardianes pétreos de antiquísimos templos, figuras grotescas y retorcidas, seres que aparecerán en las peores pesadillas de todos aquellos que intenten penetrar en su territorio defendido. Seres que en las noches más oscuras, cobran vida y sobrevuelan sus dominios hasta que, al alba, retornan a sus pedestales inmortales, a la espera de que los primeros rayos de sol, los vuelvan a convertir en piedra.” (ii). Desde más lejos, el astillado rosetón estrafalario, los arcos ojivales y la bóveda de crucería, los contrafuertes exteriores con sus arbotantes, los muros sustentados en los altísimos pilares y en los baquetones con sus filigrana de molduras. Ahí abajo, solo el misterioso laberinto iniciático que trazan las lajas del piso cuyo recorrido es el catorceavo sustituto del peregrinaje a la Tierra Santa. Y en los muros ennegrecidos por el hollín de cirios e inciensos el desgarro andino de la ignimbrita tutelar, piedra telúrica, tufo volcánico entre blanco y grisáceo, sillares andinos robados a los dioses andinos desde los mismos pies del Misti dormido, perfecto e imponente. Ese es el sangriento templo construido por idolatras y herejes, mimesis de la catedral de los mustios cristianos donde el árabe vencedor del conde don Julián escuchó el allāhu akbar de su muecín por setecientos ochenta y un largos y humillantes años. Allí está, iluminado por los rosados y purpuras del arrebol, coronando un alcor rodeado por los fangos palustres que bordean el río de los camalotes y por el bajío donde fondeó destartalada y carcomida por los comejenes marinos de todos los mares de su tiempo la ultima nao de aquel glorioso lusitano.



Notas.-

(i) “Miré bien el aldabón. Era la amputada garra de un león de bronce, que con largas uñas de bronce apretaba una bola de bronce.”

Tres tristes tigres. Guillermo Cabrera Infante, 1990.

(ii) Seres mitológicos. Gárgolas y Quimeras. 2009.

http://tejiendoelmundo.wordpress.com/


jueves, 15 de julio de 2010

BREVARIO DE LAS HORAS


Maitines.- Atrapé tu boca y tu risa en la jungla de rostros que asolan mis noches de erótico espía, en esos secretos lugares donde sacio mis pequeñas perversiones de vicioso voyeur. Reconocí tus labios, tu sonrisa clara, tus pómulos sonrojados, y desde el fondo de la ciénaga de los deseos surgió la mujer imaginaria. Ahora me perteneces, a ti en ella irán las voces, las palabras, los versos, y las ansias de tu cuerpo y tu alma. Ya no puedes escapar, poseo tu reflejo y en él tu laberinto.

Laudes.- Dejaras la jaula doliente donde se consumieron los días y los años. Abrirás tus alas para atrapar el viento de libertad que buscas y mereces. Y así, sin esperanzas, sin pasado que olvidar ni futuro de certezas, solo con el pleno dominio de tus territorios, entraras en vuelo por los laberintos de tus misterios. Buscaras allí tu verdadero rostro, tus íntimos secretos, tus sueños ocultos y las fantasías acumuladas en tus insomnios, buscaras con la paciencia de los que no necesitan encontrar, recuperaras recuerdos dormidos, detalles de una tarde o una noche que antes fueron cenizas y hoy serán brasas. Recorrerás las galerías asombrada de ti misma, los túneles clausurados desde las primeras lluvias de tu infancia, las cavernas donde sobreviven los demonios de tu adolescencia. Y no habrá tiempo perdido porque todo será un renacer continuo, un encontrarte a ti misma. Y en tu vuelo veras selvas y ciénagas, playas y marejadas, desiertos y roqueríos, y un horizonte siempre lejano, veras tus pecados, tus miedos, tus soberbias, veras lo que pudiste ser, para bien o para mal, olerás el perfume denso de las orquídeas de tu cuerpo, beberás del jugo agridulce que destilan las noches inútiles, y calmaras tu sed en él, tocaras tu cuerpo solitario y sentirás sus pulsaciones como una delicada sensación de ansias sin sosiego, sabrás entonces que eres parte de la vida que fluye de caos y del azar, sabrás en ese instante que eres dueña todo lo que viste y sentiste, de todo lo que posees en tu oscuro laberinto, sabrás por ultimo quien eres tu, y también que solo la jaula no existe.

Prima.- Fue al lado del granado herido de muerte por el otoño y el mágico circulo de piedras rodeado de ligustrinas. Allí se consumó un rito que se inicio con anteriores palabras que destilaron las imágenes del fuego del templo. Y después hubo un agua elemental presionando jugando sobre un carnal capullo encendido. Y su goce solitario fluyo misteriosamente como un reguero de fuego hasta el bosque caluroso, incendiándolo, arrasando la voluntad rendida en ese quieto ámbito vegetal. El ardiente sol fue acá la mimesis de aquella agua quemante. Una voz en llamas cayo sobre la carne erecta y entre el granado y las ligustrinas se vino el goce de la densa y ansiada consumación. Y así fue que tus íntimos jugos y mi espesa semilla se esparcieron, aquellos por el agua que besó tu cuerpo hasta el mar que te atrapa y esta en la tierra reseca a la espera de la lluvia. Hemos pecado, la complicidad ha sellado el segundo pacto.

Tercia.- Quizás un día me atreva a tocarte, sí, a tocarte con un solo dedo, el del corazón, y tocarte ahí, por encima de tu mano, en la línea que hay entre el anular y el del corazón, de tu mano izquierda, y desde la hondonada entre tus coyunturas hasta la muñeca y deslizar mi dedo por ese canal para sentir la suavidad que prometes y la tibieza que adivino, hay algo misterioso en esa línea, esa extraña sensación que se siente cuando el dedo llega a la muñeca, cuando no se sabe donde termina la línea porque de pronto deja de ser la caricia en la mano y ya es en el brazo, sí, es ahí donde esta el estremecimiento escondido porque la mano es aun territorio del amigo pero el brazo ya no, esa piel es otra, esa piel es ya tu cuerpo, es todo tu cuerpo ahí, en ese limite, y ya no es el amigo el que te toca, hay algo que no sabes muy bien que es que te obliga a querer seguir sintiendo, ha seguir ahí quieta, con toda tu voluntad ebria de esa caricia, deseando que siga, que continúe, que se extienda mas allá de la mano, en ese otro territorio, y no, mi dedo se devuelve por la otra línea, que sube desde algún punto no declarado de la muñeca hasta las coyunturas de dedo del corazón y el índice, va deslizándose muy suave, alejándose del limite, de esa frontera de lo prohibido, ese punto donde termina la mano y se inicia tu cuerpo.

Sexta.- Y al fin poseo la risa de tu boca de embrujo, las magias incitantes de tus labios, que busqué y busqué en los rescoldos de los plenilunios de un mar que se me esconde por que tu voz desespera la brújula, anula el sextante y borra sin piedad mis ya inútiles cartas de marear. Al fin puedo entrar en tus penumbras ahora iluminadas por la risa cristalina en tus labios verdaderos y dejarme llevar en la humedad del el río imaginario de tus besos.

Nona.- Según mis sueños de infancia y mis soledades de juventud te defino mujer, madre, amiga, amante, consejera, y por tanto te declaro recatada, femenina, sutil, tierna, decididamente dulce dama de parques florecidos y lánguidos atardeceres. Según mis deseos y placeres, te asigno poseedora de mis fantasías más secretas y por ello te declaro hembra voluptuosa, impúdica meretriz, perfumada cortesana. Serás sensual o sexual de acuerdo con mi voz; obscena, lujuriosa y lubrica a la hora del último vino, y desvergonzada, atrevida y pecadora hacia la mitad de la noche.

Vísperas.- Navego en lentas y oscuras aguas, abrumado de soledad y sinsentido, pero me salva que tú eres la única dueña de ese cántaro secreto, de mis laberintos, y lo sabes, solo tú has llegado a esas profundidades. Y no es un cántaro, es una tinaja, de aguas estancadas, pútridas, acumuladas por años de lluvias ciegas, llena de salamandras y renacuajos, de pequeñas lampalaguas y larvas de zancudos y de libélulas, solo quien sabe de hechizos puede beberla sin envenenarse la sangre con esas miasmas de desolaciones. Son aguas de otras lluvias, las ciegas, mezcla del líquido amniótico de mi madre, de salivas vertidas en besos sin amor, orines de hembras olvidadas, flujos vaginales que lubricaron coitos inútiles, o que bebí como naufrago inmerso en el mar triste de mis soledades, sudores con la sal sin cristalizar de noches de carnes ávidas o perversiones desabridas. Tinaja, cántaro, copa, el santo grial de otro varón de dolores, de eso eres dueña. Y eso me salva.

Completas.- Te salva, me salva, nos salva la esplendorosa poesía porque es la palabra escondida que busca las grietas para brotar y buscar la luz y el agua y abrirse en su flor maldita, y su alimento es la tierra oscura, ese fango primordial que hemos acumulado por los años en los bordes de la ciénaga de nuestras soledades. Seremos por obra y gracia de ella y en la perdición de lo vivido los cómplices aferrados a sus desesperados deseos, hiedras anudadas y trepantes contra el muro de los insomnios. Y seremos nubes, mar, sauces, laberintos, volcanes, torbellinos, brasas, bosques, niños, montañas y aves, seremos náufragos solitarios compartiendo el secreto de una isla donde anidan los sueños, los instintos, los misterios de la piel palpitante que ardía antes en nosotros como fogata a plena noche llamando inútilmente a los barcos que iban en otros rumbos. Ahora, por la magia de la poesía esos mismos fuegos son los códigos sagrados que nos salvan, y convierten nuestras islas distantes y desoladas en un único e intimo territorio inexplorado. Amen.

viernes, 9 de julio de 2010

APUNTES CALAMEÑOS

Son las tierras altas, rocas y arenas, salitres impuros ardiendo por un sol perfecto en su flama de fuego blanco incandescente en medio de un cielo azul imposible entre azur y cian. A lo lejos los perfiles fractales de cadenas de montes mas altos que la tierras en sus variedades de púrpuras lejanos, sus tonos malvas y lavandas difusos en la lejanía y sus amatistas infinitos. Más cerca la silueta aserrada de colinas y cerros rocosos en los múltiples colores del amarillo al ocre, rasguñados por las secuencias de areniscas, lutitas y calizas, seccionados con impunidad por las crestas de silíceos diques rojos y anaranjados. En las altas planicies cercanas a las aguadas los guanacos caminan con su elegancia milenaria dibujando en las lomas una fina red zigzagueante con sus huellas fantasmales. Pastos secos y quebradizos esqueletos de breves arbustos esperan, muertos, en la esperanza de sus resecas e invisibles semillas los milenios necesarios para la próxima lluvia. Solo achaparrados cactus botroidales desperdigados al azar por los lomajes y erguidos saguaros vigilantes ocultos en los rincones de los despeñaderos son la pobre botánica de estas soledades solares. Y en las profundidades los azules de la crisocola y la azurita y los verdes de la malaquita y la atacamita florecen lentamente mientras mas abajo los bronces y amarillos metálicos e iridiscentes, oros falsos, de la calcopirita y la pirita relumbran en sus inútiles brillos. En los intersticios de los farellones la mineralogía secreta de los cuarzos auríferos, con sus translucidos dientes de perro y sus limonitas castaño rojizas u oscuros marrones, detentan una virginidad transitoria. Salares perpetuos, volcanes ancestrales, sierras hirsutas, pampas oceánicas, caóticos relieves creados por la mano burda de un herrero ebrio.


Nota.- Fotografía tomada por el autor.



miércoles, 30 de junio de 2010

FRACTALES

El gusto neobarroco por el monstruo no deforme o multiforme, sino informe, amorfo, metaforiza y metaboliza la violencia cultural de todo proceso. (i)


Amanece. Sobre un fondo de negro terciopelo surgen bellísimos y extraños objetos que parecen geométricos pero son demasiado irregulares para ser descritos por la geometría euclidiana, la hiperbólica, la elíptica o la riemanniana, maravillosos y misteriosos brotes de perfectos helechos desenrollándose en su silencioso crecimiento circinado de los frondes, de los megafilos de prefoliación circinada, desplegándose como atardeceres tormentosos, como lentos e infinitos en numero y extensión reptiles desflecados y multicolores, un tumulto retorcido pero perfectamente intrincado de serpientes en celo, de larvas revolcándose sobre un cadáver putrefacto, de lombrices fornicando en el humus bajo la lluvia, de espirales curvándose sobre si mismas pero sin alcanzar nunca su sumidero, su atractor extraño. Allí están como en una jungla lluviosa el grafo de la función de Weierstrass, el copo de nieve y la curva del dragón de Koch, el triangulo y la alfombra de Sierpinski, el conjunto de Mandelbrot y los conjuntos de Julia, el polvo de Cantor, la curva de Peano, y la esponja de Menger, el sustancia bifurcacional de Lyapunov junto al movimiento browniano y el vuelo de Lévy, también algunos dibujos de Escher, porque el arte describe los sueños y las pesadillas con la siniestra perfección de la naturaleza, las matemáticas o la filosofía. Surgen las formas de las nubes, las siluetas de los cordones de montañas, el sistema circulatorio, las líneas costeras y los copos de nieve, el brócoli, la coliflor y la cáscara-armadura de la piña, el intrincado ramaje de un árbol, la traza luminosa de un relámpago, la vistosa cola del pavo real, las helicoidales cámaras internas de la caparazón del nautilus, la cubierta calcárea del erizo de mar, las nervaduras de las hojas de las dicotiledóneas, los deltas de los grandes ríos, los sistemas radiculares, las escamas de un pez, una red hidrográfica, la tela de una araña y las intersecciones visibles en los élitros de un insecto, la red de canales de Marte tristemente imaginada por Lowel, las retracciones del barro seco, las trizaduras invisibles de la porcelana tras ser esmaltada, las sendas trazadas en el suelo por las hormigas, los oleajes vistos desde los acantilados, los cristales maclados de la aragonita, la fluorita, la selenita, la cianita y la barita, del cuarzo tibetano y los cristales de la moldavita y las tectitas, también las perfecciones subterráneas de las estalagmitas y las estalactitas. Cada figura, dibujo, superficie o cuerpo posee infinitos detalles a cualquier escala de observación, son autosimilares, exacta, aproximada o estadísticamente, pueden definirse mediante un simple algoritmo recursivo aunque su dimensión de Hausdorff-Besicovitch es estrictamente mayor que su dimensión topológica. En verdad su dimensión no es un número entero sino un número generalmente irracional. Y siguen y siguen naciendo y creciendo, desarrollándose a partir de una figura-semilla inicial, sobre la que crecen series de sencillas construcciones geométricas. El día llegará en que ocupen todo el universo, porque este amanecer continuo de infinitos tintes y formas no tiene dimensión temporal y todo sucede como en un Aleph. Y es que esta selva otoñal chestertoniana (ii) de innumerables y anónimos colores, parece pertenecer a aquel mundo de David Hume, que es tal vez el bosquejo rudimentario de algún dios infantil, que lo abandonó a medio hacer, avergonzado de su ejecución deficiente; es obra de un dios subalterno, de quien los dioses superiores se burlan; es la confusa producción de una divinidad decrépita y jubilada, que ya se ha muerto (iii). Alguien, transparente e innombrable, cree reconocer por entre las enmarañadas figuras la sonrisa irónica de monsieur Henri Poincaré. Vale.


Notas bibliograficas.-

(i) Monstruos. Alonso Miranda. En República de Platón Nº 38, 1994.

(ii) G. F. Watts. G. K. Chesterton, 1904. (*)

(iii) Dialogues Concerning Natural Religion. David Hume, 1779. (*)


(*) En El Idioma Analítico de John Wilkins. En Otras Inquisiciones. Jorge Luis Borges, 1952.



lunes, 28 de junio de 2010

FRACTAL

“Si crees que comprendes, nunca avanzarás”

Benoît Mandelbrot


Fractal es un objeto irregular que tiene ciertas propiedades, en primer lugar la de "auto-similitud" que consiste en estar formado por partes también irregulares que, si son aumentadas de tamaño, se muestran prácticamente iguales a su "todo" y a su vez están formadas de partes mas pequeñas con la misma propiedad -que se conoce como "reiteración"- y así sucesivamente; aceptándose la existencia de entidades fractales puramente abstractas, caso en el cual la reiteración puede ir hasta el infinito en cualquiera de las dos direcciones de magnitud, decreciente o creciente. Fractal es una estructura que satisface alguna(s) de las propiedades siguientes: posee detalle a todas las escalas de observación; no es posible describirla con Geometría Euclidiana, tanto local como globalmente; posee alguna clase de autosemejanza, posiblemente estadística; su dimensión fractal es mayor que su dimensión topológica; el algoritmo que sirve para describirla es muy simple, y posiblemente de carácter recursivo. Un fractal es un conjunto matemático que puede gozar de autosimilitud a cualquier escala, así pues si hacemos un aumento n, el dibujo resulta igual al inicial, luego las partes se parecen al todo, y además su dimensión no es entera o si es entera no es un entero normal. Fractal es un objeto geométrico que resulta de aplicar una técnica matemática para describir y comprimir en gran parte imágenes, especialmente objetos naturales como árboles, nubes y ríos, convirtiendo una imagen en un conjunto de datos y un algoritmo para expandirla nuevamente a su tamaño original. Fractal es un ente geométrico el cual en su desarrollo espacial se va reproduciendo a si mismo cada vez a una escala menor, de manera que si observamos una lupa, una parte cualquiera del mismo, ésta reproduce a escala menor la figura total del fractal. Fractal es una estructura cuya característica común es que su entidad esta construida por la repetición o iteración de un proceso dado, haciendo esto que, independientemente de cómo la observemos, exista una autosemejanza, una similitud entre sus aspectos. Fractal es una figura plana o espacial que está compuesta por infinitos elementos, y cuya principal propiedad es que su aspecto y distribución estadística no varía de acuerdo a la escala con que se observe. Fractal es un objeto sucesivamente semejante a sí mismo que posee la propiedad de que cada pequeña porción de el puede ser visualizada como una réplica a escala reducida del todo. Fractal es aquel objeto cuya creación depende de reglas de irregularidad o de fragmentación, y que permite describir fenómenos complejos que no son explicables por métodos matemáticos tradicionales. Fractal es un conjunto u objeto cuyo tamaño se hace arbitrariamente mayor a medida que la escala del instrumento de medida disminuye. Fractal es una entidad geométrica cuya estructura se repite en cada una de sus partes, y en las partes de sus partes. Fractal es un objeto con tamaño y orientación variables y que en cada instante tiene un aspecto similar al anterior. Fractal es, matemáticamente, una figura geométrica que es compleja y detallada en estructura a cualquier nivel de magnificación. Fractal es un objeto semigeométrico cuya estructura básica, fragmentada o irregular, se repite a diferentes escalas. Fractal es un conjunto cuya dimensión de Hausdorff-Besicovitch es estrictamente mayor que su dimensión topológica. Fractal es aquella cosa de incalculable complejidad que posee longitudes infinitas dentro de áreas finitas. Fractal es un objeto geométrico cuya estructura básica se repite en diferentes escalas. Fractal es una figura cuya dimensión topológica es menor que su dimensión fractal. Fractal es todo aquello autosemejante a todas las escalas en infinitos detalles. Fractal es una figura geométrica autosimilar frente a cambios de escala. Fractal es la representación geométrica de la teoría del caos.



DE LA GRAN TRIBULACION

(Apocalipsis 17:3-7, 18:4-5, 22:18-19)

...pero no me importó porque el púrpura y el escarlata de sus vestidos encendían aun más los fulgores carnales de sus pecados y yo pecador perdido sin perdón para siempre lo único que deseaba era hundirme y beber, beber y ahogarme en el cáliz de oro lleno de su sangre y su saliva y sus fluidos hirvientes y sus aguas de perdición, y vi el nacarado tierno de su cuerpo vestido solo con oro y piedras preciosas y perlas, y ella ebria de la vida que se toca y que duele, me llamaba, me atraía hacia un túnel sagrado, y vi sus siete cabezas, vi sus diez cuernos, y vi la muerte sobre pueblos, muchedumbres, naciones y lenguas, vi muerte y sangre, dolores y males y plagas, y no me importó, porque la anilina de sus ojos me envolvía en el tul de su piel perfumada, ardiente y cercana, y fui más ciego al mal que enemigo del bien, y fui sordo a la voz del cielo de mentira, y a los votos de abstinencia de monje adusto y consagrado, así sumergido al fin en ese liquido primordial de sangre, leche, saliva, sudores y lagrimas y orines y licores sexuales, esas aguas vivas que me llevaron la vida buscándolas para aplacar mi sed de ser parte de el Todo que me prometieron en el Paraíso, y sentí que mi cuerpo inmerso en la tierna turbiedad de ese vino voluptuoso se iba involucionando sobre si, curvando sin dolor ni conciencia, mis piernas se encogían con las rodillas al pecho y las manos en oración hacia el rostro, bajando la cerviz y cerrando los ojos, y supe que en ese cenote tibio y urgente, lleno de los aceites y brebajes de la Gran Ramera que no eran el vinagre fétido de todos mis pecados, yo no estaba muriendo sino volviendo al origen materno, entendí que esa cálida densidad animal era en verdad sus íntimos caldos uterinos, que estaba de regreso al único lugar donde el Universo tenia sentido, y asombrado intuí que era el fin de la búsqueda, del camino, y del Tiempo. Y fue esa mi revelación. Creo recordar que con el pavor desesperado de los que alcanzan a ver la Luz, quise borrar con el codo los oscuros escritos que me habían llevado a ese divino dzonot, pero vino la Palabra de Juan el Evangelista dicha en su propia Revelación y dijo; “Si alguien hace una añadidura a estas cosas, Dios le añadirá a él las plagas que están escritas en este rollo; y si alguien quita algo de las palabras del rollo de esta profecía, Dios le quitará su porción de los árboles de la vida y de la santa ciudad…”, y comprendí que ya era tarde para todo. Y ahora estoy cerrando otra vez los ojos y dejándome morir para apurar el goce de los últimos estímulos vitales de estas las aguas sagradas de Babilonia la Grande.

sábado, 26 de junio de 2010

CARTA A LA DIOSA IMPURA

Te escribo desde el rincón más oculto de tu propio insomnio, desde la penumbra de tus sueños secretos, desde la honda caverna de tus instintos. Porque solo ahí existo, solo en tus sueños, de noche, al borde del lecho de fuego donde la madrugada te encuentra despierta buscando en tus memorias una imagen, un roce, un latido cercano que te acurruque en ternura y en pasión, en dulces murmullos y en sofocados grititos, en ardientes caricias y en eróticos abrazos, piel contra piel, carne en la carne, sudores que se comparten en la oscuridad húmeda, olorosa de sexo desatado, voces arrulladoras que abren las puertas y los cuerpos, desnudos, ansiosos, y entonces soy en tu sueño el que buscas, y te entregas rendida, anhelante, y en la espesura de la selva de tus instintos soy león y macho, soy gesto y fuerza, soy tierno y vibrante, a tu gusto, a tu placer, a tu modo, como el mismo sueño que en ti soy. He leído y releído tus cartas, explorando, buscando, mirando lo que dices y también en las penumbras de las entrelineas, de lo que no dices pero esta ahí, y ha sido como entrar en tus laberintos más profundos, en tu baúl de secretos, y he sentido celos, furiosos celos de los hombres que te poseyeron, que alcanzaron tu piel perfumada, que bebieron en tu rincones íntimos, que se hundieron en ti envueltos en tus deseos fingidos, que escucharon tus falsos susurros ansiosos, tus quejidos contenidos y tus grititos de placer… ah! que deliciosos y apasionados y terribles celos siento por esos fantasmas, pero también leyendo en las entrelineas de tus palabras reviví cada detalle, cada intensidad, y fui el primero y el ultimo, fui ese, este, aquel, y fui cada uno de esos amores de la lista de espera, y fui todos tus hombres, fui mis propios enemigos en ti; fui artistas, empresarios, políticos, presidentes, dictadores, generales y almirantes, fui victoriosos seductores engañados y también humillados pordioseros de tu cuerpo de estatua inalcanzable, y poseí tu cuerpo estremecido cada una de esas veces en que te entregaste por amor, por pasión, por sexo o simplemente por lánguida soledad…! Sí, leo y releo y hurgo en tus escritos... ya te enviaré un compendium de los fragmentos de tus laberintos que más me han dolido y excitado a la vez. Sí, mis celos son como heridas purulentas que bajo una costra inofensiva esconden sus venenos, su dolor sordo, su furia mortal…, son violentos como todo lo mío. Tú lo sabes. Mas no puedo evitar el sentirte intensamente en todo mi ser, invasiva, delicada, mía. Desde un rincón en penumbras te miro, te observo con ojos perversos, miro a mi hembra, a mi madre, a mi amante, a la mujer que me dejo entrar en sus laberintos para ella entrar en los míos. Soy el predador o una presa más? o ambos a la vez?, o esto es la comunión sublime de dos almas perversas que se buscaron por los siglos pero siempre por los lugares equivocados para evitar este infierno de sabernos imposibles a pesar de todo el amor derramado?

MUY BREVE HISTORIA DEL ORIGEN

En el principio fue el tiempo, solo tiempo y la nada. En ese devenir del tiempo donde la nada sucedía. El tiempo fatigado sucediendo en oleadas, llenando el espacio absolutamente vacío que es casi la nada. Y en algún instante primitivo esas ondas de tiempo inútil colisionaron. Era inevitable. Primero aquí, en un extremo alejado y oculto de ese vacuo universo, luego en incalculables puntos a lo largo, ancho y alto del espacio. Las colisiones fueron sucediendo innumerables. Iban dejando leves cicatrices en esa nada. Por ultimo debió llegar el día en que unas pocas de esas trizaduras se unieron, y vino un destello como un relámpago de dimensiones inimaginables, y hubo inevitable la energía. Ahora un infinito espacio vacío, donde la energía fluía lenta y continua como inmensas flamas invisibles. En algún momento del tiempo la energía condescendió a materia. En el inicio fueron pequeñísimos corpúsculos de un algo que tiraba a materia. Infinitesimales puntos de una densidad imperceptiblemente mayor que la nada. Con el tiempo, todo el tiempo necesario, las acumulaciones probabilísticas de estos coágulos evasivos cristalizaron en unos gránulos inertes. Debieron estar millones y millones de años girando en torbellinos desmesurados, arrastrados una y otra vez por inconmensurables flujos electromagnéticos, por las lentas y densas turbulencias de una energía que se resistía a dejar el caos. Pero he aquí que llegó a venir el cosmos. Gránulos que colisionando van a ser granos de granos más grandes, partículas inestables, meras pruebas de materias aun inservibles. Luego aisladas moléculas, que volvían una y otra vez a colisionar, a fusionarse, a volver a desintegrarse. El crisol de las probabilidades, el yunque donde ese caos va escalando a este cosmos. Un día hay un polvo esparcido por el entero universo. Materia disgregada y cansada buscándose. Un enjambre de fuerzas gravitacionales y energías desperdigadas, intentando ordenarse, coludirse en un orden más cómodo. Ese polvo definitivo y eterno, esparcido en este universo sin tiempo, deviene en piedra inverosímil, en agua fundamental, en los sutiles vapores omnipresentes. Esa materia va cruzando los eones, siempre cambiante, asumiendo indeclinable los azares de los ciclos infinitos de todos los tiempos. Por fin las estrellas, los cúmulos, los soles atrapando sus propias aglomeraciones de piedras muertas, los planetas silenciosos girando inconmovibles en torno a esos soles iniciales. Se apagan lentamente algunos de esos cúmulos resplandecientes, ya hay un nuevo universo. Viene la fiesta inicial del primer amanecer, y las nubes que traen la primera lluvia con sus ríos y sus océanos. Hasta el día inevitable en que el fango primordial comenzará a construir la semilla de la sutil supervivencia que comienza a habitar pequeños grumos de la materia. Ese orden no entrópico, mínimos cosmos que laten, se mueven, se reproducen. Ese orden extraño y asombroso; la vida.



GIRACIONES IMPOSIBLES

Un denso bosque de husos difusos y zumbadores. Estilizadas bailarinas con románticos tutús, vaporosos y largos como rosas invertidas danzando sobre espejos frente a paredes de espejos, repetidas en sus pirouettes en los infinitos cristales. Rotohedros de siniestros ejes que no parecen girar y sí giran impasibles, traicioneros. Giróscopos que soportan naves invisibles con su misteriosa inercia inviolable. Girantes poliedros, girosos cilindros, discos girostosos. Vueltas, giros, aspas. Giroseantes y ululantes monstruos borrosos soberbios en sus perfectas simetrías rotacionales. Siseantes discógiros, zumbidos poliédricos, susurros cilíndricos, siseos girocosos de antigiros especulares. Rotopercusiones. Potentes toros de revolución. Sorprendentes fuerzas inerciales, centrípetas o centrifugas. Torneados esmeriles verticales susurrando inmutables. Pirinolas, trompos, trompo bearing, peitschenkreisel, trompo cuspe, trompo sedita y trompo cucarro, trompo cascareto, peones, peonzas, trompos taguas girando y girando dormidos sin nutaciones, eternos y perpendiculares. La suma de sus charrientos colores girantes tiende a un blanco sucio y miserable. No trompetas ni girondos ni giraldas ni menos stromboleanos. Solo giros, giros, giros. Todo yira, yira, mientras allá lejos, un otario cansado ladra impertérrito sin girar.