domingo, 27 de mayo de 2012
NADA EN MITAD DE LA LLUVIA
sábado, 12 de mayo de 2012
DEMENCIA SENIL
viernes, 11 de mayo de 2012
Un Patio Vacío.
miércoles, 2 de mayo de 2012
ARCAICAS PREMONICIONES
viernes, 27 de abril de 2012
FANTASIA Nº 96 Simulacro.
sábado, 21 de abril de 2012
NADA SUMERGIDA
lunes, 16 de abril de 2012
JUEGOS
Juegos de soledad, juegos de lluvias allá donde ti, juegos de píensame y suéñame, lúdicos intentos de tocar, de rozar tu cuerpo estremecido por la lluvia, por el sueño donde te habito, por la soledad que nos habita, juegos de piel desnuda, de intensidades carnales, de fantasías que van a romper contra los espejos, de imaginaciones calladitas que vamos urdiendo en los rincones, en los silencios en medio de la casa, juegos de búsquedas e irreverencias, del amor que se mete debajo de los muebles y duerme como oculta crisálida y emerge en los días de lluvia y de soledad convertido en mariposa que roza la piel y la incendia, juegos de ti y de mi como niños desnudos antes del pecado, juegos de caracoles subterraneos copulando por los cuartos vacíos, bajo la misma noche con lluvia, con soledad, juegos de ojos escarbando impudores, ludicidades de la hora del tú allá y yo acá desnudo buscándote mientras tú me buscas en las manchas de los muros que dibuja la lluvia, en las lámparas apagadas, en el cristal que te refleja, juegos de adultos niños, de amantes perversos e infieles, de hombre solo y mujer sola en medio de las gentes y las voces que no escuchamos pues jugamos estos juegos de pensar y soñar con besos y sin besos, con la caricia suspendida, con la piel ardiendo en el fuego de estos juegos, juegos lúdicos e impúdicos, de pura piel, de deseos, de ansias de palpar, tantear, hurgar hasta donde los juegos se inflaman en furiosas llamas recurrentes, juegos de desahogos y vicios con los ojos cerrados pensando y soñando una lluvia tibia escurriendo sobre ese inmaterial volumen provocativo, con el sabor secreto y el tacto imposible de esa piel que se incrustó en la obsesión de los juegos, mientras juego solo a buscarte por la casa para ver si te encuentro escondida en los cojines, detrás de las puertas o de los cristales de las ventanas que no poseen la lluvia pero si la soledad de estos juegos, y deambulo jugando solo como huérfano edípico pensando y soñando que juego contigo y que tú allá con tu lluvia piensas y sueñas que juegas conmigo estos juegos que nos unen en una epifanía insensata pero maravillosa donde estamos en el mismo sueño, en el mismo juego, en el mismo instante y en el mismo lugar jugando estos juegos de soledad y de lluvias. Vale.
sábado, 14 de abril de 2012
NADA INCONCLUSA
Amiga niña, te ves hermosa y triste, de ojos naufragados en tu misteriosa melancolía, te ves ausente, de sonrisa escondida, como si el sopor de la tarde de este otoño se te viniera en descampado con esa fina llovizna que solo tú presientes y te quedaras suspendida a un geme del suelo, elevada e incipiente. Te ves linda y ciertamente dormida, flor en negro y encajes, en el breve color de tus labios sin besos y en el delirante granate de tus uñas, cautiva en la filigrana de tu pulsera, entre las rosadas flores que casi te coronan. Te ves delicada, tenue, al borde de la evanescencia o la desaparición, de rostro entristecido por los días y los meses y los años esperando, esperando. Tus manos juegan atrapando secretas mariposas invisibles, explorando el aire sutil, la luz inclinada, el encanto sombrío de la hora intermitente en la palidez incesante de tu piel que reverbera instaurando tu vigencia de lánguida princesa doliente. Alabastro, mármol, pétalo extendido de blanca rosa perfumada, tu piel reverbera decretando tenebrosas instauraciones. Y yo me asombro, me estremezco abrumado de tu boca imaginada por mis besos, y me voy canteando los granitos del desespero, lajando las calizas de la angustia y la espera, puliendo el sueño donde te beso, ese recuerdo inalcanzable de hacerte desaparecer entre mis brazos, de ir a ti a contravientos y rompeolas rastreando la evocación de un ayer que aun no es ni siquiera un mañana. Y me voy adentrando en tu piel de rosa inmaculada con mi armadura rota y mi pena de naufrago, me voy costeando enredado en el encaje de tu escote, asolando el sangriento granate de tus uñas, rebuscando la caricia efímera de tus manos entre mariposas y libélulas, conteniendo tus instauraciones, tus reverberos, tus intermitencias. Y me desgasto en palabras, me diluyo en verbos y maravillas indagando entre guerreros y vagabundos como hacer para seducirte sin que te des cuenta, examinando las mustias posibilidades de hacer caer los altos muros de tu castillo, meditando sobre las desolaciones que deberé atravesar para llegar a tu lado y rendir mis banderas al emblema de tu imperio taciturno. Te ves lejana de horizontes, contigua a los quebrantos de las lunas menguantes, te veo en la oquedad de un corazón de crisálida y en los párpados llorosos de los castaños cruzando el invierno. Invoco tu nombre en la perdición del oscuro de tu pelo con la siniestra certidumbre de jamás tocar tu mano ni verme en la obsidiana de tus ojos. Vale.
domingo, 8 de abril de 2012
LO QUE NO VIERON TUS OJOS
Lo que no vieron tus ojos. Algo que vence al agua en sus matrices minerales, que desarma sus partículas y las convierte en perfumes de salamandras, en un aroma denso de algas arrepentidas, que irrumpe con la fatalidad del hastío, socava fluyendo entre piedras y en las arenas sumergidas, que fosforece en los infusorios cuando la luzdelunallena se atreve a despeñarse entre las nalcas y los hinojos. Una vetustez de fragmentos de cantaros de greda, de nidos abandonados, de antiguos frascos de colores antiguos, de hierros ennoblecidos por el orín de notorios inviernos, de un ajedrez de piedras subterráneas, de un agua que no encuentra su origen bajo el venerable miosporo. El agua desarmada, el confín de las lupas y los espejos, el triptico de las enredaderas y los geranios en fila de colores incesantes. El palto muerto descortezándose en la lentitud de su muerte inapelable, estallando en lonjas de corteza, floreciendo en sus leñas rajadas, dejando ver su madera escondida, suave anaranjado tirando a ocre bajo el cuarteado ajedrezado de la cáscara escamosa gris marrón como la piel de un reptil reseco. El eucaliptus torcido sigue susurrando los arrullos de viento. Es otoño, otra vez. Hay tantos muertos pequeñitos en los rastrojos del delirio, tantos pájaros hurgando los sonidos del otoño alcanzado. Todo viene a ser un catastro de deslumbres, un listado de ausencias y piedras enterradas. El agua dulce de los picaflores espera, el remolino de vistosos colores gira con su alegría tristona de carnaval en fuga. El antiguo muro de adobes va dejando que se escriban en el las escrituras de grietas y musgos, de barro sobrepuesto, de desconchados, de pequeñas cárcavas, de erosiones y desgastes, la historia de las sucesivas estaciones en los idiomas o dialectos del barro, las marcas arguméntales del pasado. Duerme vetusto en sus arcillas, hierático como una semiderruida muralla babilónica. Hay un hábito de extinción, de último navegante, de fósil sobreviviente, de timonel extraviado en la veleidad de su propio naufragio. En su entorno se erige una ciudad de laberintos y arcángeles y falsas santerías con borrosas iconografías equivocadas, de pagodas y mezquitas, de sinagogas y basílicas, de iglesias y catedrales, de santuarios, de grutas, de templos invocantes, pero todo vacío, sin deidades ni santos, ni yesos sagrados, ni ídolos ni efigies reverenciadas. El agua se derrama perseguida, se vierte con sus algas en verdor de raras crisocolas, escarbando las piedras de su origen. Vale.
Fotografía: F.S.R.Banda, abril 2012.
LO QUE VIERON TUS OJOS
Para K, siempre viajera.
Lo que vieron tus ojos, lo visto y caminado, los caminos que jamás imaginaste recorrer allí en los territorios de los bárbaros balbuceantes, en el otro lado de tus mundos del gran río y de las sabanas. La casona como muerta de ausencias, de risas de niños, de gentes que vuelven del campo o que se van al poblado a contrapelo de sus bucólicos atardeceres. Se puede percibir la humedad, el silencio, el abandono, la presencia más allá de toda sospecha de una lluvia recién llovida, el pasto y los cascajos humedecidos, la bruma que se va yendo con el invierno que no se resigna, como yo a veces, al ciclo de desaparición y renacimiento, el frío como un velo intangible en el rostro que mira por tus ojos en la profundidad del paisaje. Aquí los árboles retorcidos en sus trabados ramajes, allá en el cercano horizonte de las colinas, detrás de una breve selva vaga, altos orgullos vegetales se cimbran en las ventoleras de la cercana primavera. La grieta en la pared, el musgo en su ocre mortal, el charco o nieve, indescifrable, la tierra madre soportando los milenios en tu beatitud generadora. Atrás el campo verde raso con una perfección imposible, el pasamanos de hierro forjado que abre la casa hacia el campo donde se va el invierno en fuga. Un borde de camino, por donde no vinieron, no vieron y no vencieron las águilas imperiales, por donde siglos después las ordenadas tropas de un perturbado pasearon otras águilas mortales. Ahora no hay huellas de caminantes en sus grises ripios ni en el sendero invadido de pastos que acude a la casa. La techumbre posee la perfecta desolación de lo antiguo porque ya ha visto y sufrido todas la lluvias, todas las nieves, todos los vientos posibles en ese fragmento de campo con el dulce y tierno fervor del cobijo. El cielo es blanco mustio, apagado, borrado de azules y de rojizos arreboles, negado de amaneceres amarillos, de los celestes, del cerúleo, del eterno color del cielo celestial. El gris de la pared es del mismo matiz de la soledad de lo perdido, de las nostalgias del fuego, del desasosiego que quema los parpados en los arenales del insomnio. La ventana ha sellado sus vidrios con el oxido de sus metales como si ya no quisiera dejar entrar las bocanadas del tiempo. Solo aquel insólito cuadrilátero anaranjado permanece nítido incrustado en este húmedo y frío presente.
Fotografía: Hilda Breer, abril 2012.






