(Ejercicio de
composición del tipo cadavre exquis transtemporal)
Afuera en el
olvido comienza a llover con ímpetu. Bruscamente la tarde se ha aclarado porque
ya cae la lluvia minuciosa. Cae o cayó. La lluvia es una cosa que sin duda
sucede en el pasado. Quien la oye caer ha recobrado el tiempo en que la suerte
venturosa le reveló una flor llamada rosa y el curioso color del colorado.
Llueve sobre la arena, sobre el techo, el tema de la lluvia: las largas eles de
la lluvia lenta caen sobre las páginas de mi amor sempiterno, la sal de cada
día: regresa lluvia a tu nido anterior, vuelve con tus agujas al pasado: hoy
quiero el espacio blanco, el tiempo de papel para una rama de rosal verde y de
rosas doradas: algo de la infinita primavera que hoy esperaba, con el cielo
abierto y el papel esperaba, cuando volvió la lluvia a tocar tristemente la
ventana, luego a bailar con furia desmedida sobre mi corazón y sobre el techo,
reclamando su sitio, pidiéndome una copa para llenarla una vez más de agujas,
de tiempo transparente, de lágrimas. Llueve con tanta fuerza que nuestro
aposento se quiebra y el viento y el agua de la tempestad penetran las paredes
y ventanas: nos invaden, nos atraviesan. Procuran jalarnos adonde las almas se
apagan, adonde el hielo es más delgado. Sigo contemplándote con la punta de mis
dedos, con mis brazos que a ciegas te sostienen y te aproximan hacia mí, con
deseo de mantenerte aquí para siempre. Estás tranquila y pensativa a mi lado,
cálida como la respiración apaciguada que emana de un beso joven, de un beso
fiel. Comprobamos que nuestras caricias y nuestro amor están condenados; lo
aceptamos y damos bienvenida a la ira de la melancolía, quien ahora se venga de
nuestro desafío. El cuarto se inunda, nuestros miedos menguan al borde de la
superficie. Entre la zozobra y entre el furor nos ahogamos en saliva, en
miradas, en fragancias de perdición y en la furia del desasosiego. Lentamente
morimos, víctimas de nuestra oposición, de nuestros deseos de vida y de muerte,
de nuestra irrevocable travesura. Esta lluvia que ciega los cristales alegrará
en perdidos arrabales las negras uvas de una parra en cierto patio que ya no
existe. La mojada tarde me trae la voz, la voz deseada, de mi padre que vuelve
y que no ha muerto. Los brazos abiertos hacia ti y el rostro triste, la lluvia
repicando en el asfalto, y todos los inviernos en ese único lugar.
Bibiografía cuantificada:
i.- Síncope. Gerardo Careaga. 179 palabras.
ii.- Llueve... Pablo Neruda. 119 palabras.
iii.- La Lluvia. Jorge Luis Borges. 95 palabras.
iv.- El Cristo de la lluvia. F.S.R.Banda. 23 palabras.
Nota.- Cadáver exquisito es un juego por medio del
cual se ensamblan colectivamente un conjunto de palabras o imágenes; el
resultado es conocido como un cadáver exquisito. Es una técnica usada por los
surrealistas en 1925, en la cual los autores jugadores escribían por turno en
una hoja de papel, la doblaban para cubrir lo ya escrito, y después la pasaban
al siguiente autor. De esta forma se combinan cosas de una idea agregando
elementos que pueden o no pertenecer a la realidad. Los teóricos y asiduos al
metodo sostenían que la creación, en especial la poética, debe ser anónima y
grupal, intuitiva, espontánea, lúdica y en lo posible automática. Decía Rulfo
que no existen más que tres temas básicos: el amor, la vida y la muerte: para
captar su desarrollo normal, hay que saber cómo tratarlos, qué forma darles,
sin repetir lo que han dicho otros. En tanto metabolismo continuado de
anteriores lecturas, podría considerarse si la literatura no es en sí misma un
gran cadáver exquisito a partir de temas y preocupaciones bastante simples.
Imagen:
Fotografía del compositor, “Lluvia del 20 de octubre de 2012”
la primera lluvia me gusto mas... creo que fue muy espotanea..... de todas maneras Escribes tan bello!
ResponderEliminar