A Casandra
Amada serás
para siempre a través del tiempo y la distancia, a pesar de las máscaras
y de los nombres, se te evocará cada vez que la soledad invada e irrumpa el
insomnio con su oleaje frío y cortante, se te buscará por los rincones donde
habitan los fantasma en silencio y sin sombras, por entre los arbustos
verdilocuentes de los bosques de coníferas de un sur extraño o ajeno, por las
siniestras calles saturadas de la penumbra imponente del crepúsculo
irreversible, por la extensa noche del plenilunio de noviembre, se te buscará
entre las pequeñas flores de los tréboles silvestres y también en los humedales
de la memoria donde crecen las hierbas del desamparo. Nunca se te olvidará
porque todo imposible es un fuego continuo que jamás se apaga y nunca deviene
cenizas, estarás en las entrelineas de tus poemas de tristezas y tu voz permanecerá
vigente y sin eco leyéndome aquellos versos que me gustaban bajo un frondoso ceibo
de besos rojos, recostados en la grama mientras yo busco en el cielo tan azul
el intersticio por donde escaparnos, otras veces estarás en las antiguas
fotografías desvaídas con tu pelo negro y mis dedos enredados en su cascada
perfumada, o con tus manos pálidas que seguirán acariciando mi rostro mientras
te miro a los ojos con la vehemencia de adolescente enamorado, o te encontrarás
algo dispersa en las rosas del jardín de los atardeceres cuando su belleza
silenciosa y su sutil aroma inmaculado traigan el espejismo de tu imagen como
en una quieta lejanía. Borrarás las buenasnoches previas y las malasnoches que
vendrán, ocuparás el plinto más alto del templo de las vestales ingenuas o ilusas,
reinarás por tu reino de encanto desde el torreón mayor de tu castillo
inexpugnable, escardando y develando el desengaño con la lenta parsimonia de un
amanecer de invierno. Perdurarás en los detalles cotidianos, en el cristal
entristecido de la copa en cuyo borde permanece el dibujo de tu labios
perfectamente burilado como un conjuro maligno, en el espejo que se extravió en
la obsidiana de tus ojos, en la puerta que se quedó entreabierta esperándote
con su cerrojo vencido, en el vidrio de la ventana que te vio por ultima vez y
se trizó atrapado por la nostalgia que recién comenzaba para siempre, en tiempo
que sigue sucediendo en una inercia circular y monótona, o en la distancia que
va dejando de ser territorios y se visualiza más como un muro infranqueable o
un túnel sin salida. Perdurarás, pero invisible como las piedras o el limo.
Nota.- Casandra fue sacerdotisa de Apolo, con quien
pactó, a cambio de un encuentro carnal, la concesión del don de la profecía.
Sin embargo, cuando accedió a los arcanos de la adivinación, rechazó el amor
del dios; éste, viéndose traicionado, la maldijo escupiéndole en la boca:
seguiría teniendo su don, pero nadie creería jamás en sus pronósticos.
bellisimo como es de costumbre en tus escritos
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