viernes, 14 de diciembre de 2012

NADIE SE VA

Nadie se va del agua de su sed, de las caricias de sus mañanas, de las piedras ni de ese río, nadie abandona los pájaros ni los geranios, nadie se borra ni se evapora de la memoria que lo poseyó un día para siempre, nadie deja el susurro suspendido ni la mano en las cenizas, nadie se esfuma en su propia oscuridad. Vendrán las sombras del arrepentimiento invadiendo las penumbras del pecado inicial, de la espina incesante, del puñal que sajó los días dividiéndolos, bifurcándolos en un con ella sin ella sin solución de continuidad, de la incrustación en el cuarzo con sus resonancias en la carne viva. No habrá resignaciones porque no habrá olvido posible de esa voz, ese verbo, con sus furias y sus celos y con las latencias de un imposible nocturno que siempre amanecía posible. Que importa si los silencios cavarán tumbas donde antes hubo ceibos y ciruelos, porque estarán vacías, que importa si la noche se derrumbará con las lluvias venideras si su rezongo tanguero entrará en un eco que perdurará hasta el estío. Se perderán silaba a silaba los nombres que fueron sagrados, se perderá un lunfardo secreto inventado para decir lo que el idioma materno no sabía decir, se desvanecerán de tanto mirarlas ciertas precisas fotografías, los rasgos de los rostros se irán confundiendo con otros que fueron o serán, pero todo lo que parecerá perdido seguirá urgiendo el retorno porque nunca hubo fuga, solo la continuación de un viaje inevitable hacia un pequeño infierno. Alguien volverá a ser el linyera palabrero que llegó entre los camalotes y las islas, alguien volverá a ser la que lo llevó de la mano por el Paraíso en un milagro que prevalecerá en una serena eternidad momentánea. En una tanguería vacía deambulará un tango canyengue esperando que lo bailen hasta el final de los tiempos, y en un cuartito clandestino, quizá en que lado de las nieves, dos fantasmas insistentes volverán en la tardes de otoño a rendirse a aquel sueño inconcluso. En los amaneceres de garúas dos siluetas extraviadas recorrerán los parques, allá y acá, buscando con la desesperación de los náufragos esa convergencia que soñaron cada noche pero que nunca se dio. Dirán que los derrotó el hastío, los celos, la mísera soberbia o el mero orgullo, pero son embelecos fraguados en los venideros insomnios, la verdá es que fue el tumultuoso oleaje de piantaos que ellos mismos creaban en sus ansias por alcanzar siquiera a tomarse en algún atardecer de la mano. Nadie se va porque nadie abandona así como así la ternura, el amor, el deseo. Vale.

Imagen: Dante and Beatrice, 1883, by Henry Holiday (1839 - 1927)

sábado, 8 de diciembre de 2012

COMPOSICION DE LUGAR

En su soledad, el tiempo transcurre lentamente y de manera extraña.
Emilio de Gorgot

…el portero, frenético amante de los secretos inútiles.
José Lezama Lima

Todo surgía como de una sucesión compungida que se trasladaba con la lentitud de sombra al mediodía, que se alargaba sin alcanzar nunca su punto critico, su punto de quiebre o rompimiento, o volvía a contraerse como chirriando, desaceitada, herrumbrada, se encogía con una elasticidad quántica, a la manera de un barco que se va alejando escapando en el mismo punto de fuga del horizonte. Entonces, por un instante de secreta revelación los objetos se hacían transparentes, lo que debía suceder no sucedía, la memoria dejaba de registrar detalles y se condensaba en un todo holístico de tacto-visión-sonido-olor-sabor, por un nanosegundo el todo cabía por demás en un dedal de juguete. Tenía esa quietud mesiánica (o carencia) que llegan a poseer los cubos de piedra canteados a cincel y martillo pero que no alcanzaron a formar parte del empedrado de la calle y se quedan eternamente varados en un jardín, enterrados en un bosque de mentira o al pie de un jacarandá en alguna plazoleta cercana. El rincón más alejado guardaba hasta bien entrada la noche las últimas hilachas desgarradas de los arreboles del atardecer, era como ver el fulgor sordo de las brasas que han permanecido aun encendidas en medio de las cenizas de una fogata no acabada de apagarse en la oscuridad del nocturno sin luna. El conjunto de espacio tiempo sucedía, acontecía, ocurría a la manera de la aciaga perpetuación de las eñes iniciales, disperso como bandada de palomas atravesada por el ampuloso vuelo del tiuque, deformado, raro, sin la consistencia esperada en la volumetría visible de la realidad concreta, como si estuviera atrapado en un bucle de insospechadas consecuencia, de impredecibles bifurcaciones que se abren alejándose entre si como el ramaje del acacio cincuentenario que no brotó esta primavera o las toscas raíces del ombú, sin ese tranquilizador atractor extraño que premoniza la teoría del caos. Y era un inerte monolito de piedra negra en medio de los temerosos homínidos. Y era un monolito negro desenterrado en la superficie lunar ante la vista asombrada de los astronautas lunares. Y era un monolito negro flotando silencioso en la órbita de Júpiter despertando un horror ancestral en los astronautas planetarios. Y era un monolito negro, alzado a los pies de la cama, majestuoso e inerte, que el viajero temporal contempló extasiado en medio de su agonía. Mucho más abajo, siguiendo un sendero de lozas pegmatíticas dormía el estanque invadido por las ostentaciones verde esmeralda de las finísimas guedejas de las algas clorófitas, y en el, un breve y tardo cardumen de kois soñolientos deslizaban sinuosos sus negros, blancos, rojos y anaranjados, tan lentamente que a primera vista parecía que el tiempo no estuviera sucediendo.


viernes, 30 de noviembre de 2012

DULCES NOSTALGIAS DE JARDIN


A mi madre.

Había un alba de nardos y un embeleso de crisantemos donde ahora se vuela alto un magnolio avisando las auroras, y allá bajo el limonero perfumaban los pensamientos y jugaban las pequeñas mariposas en la estrellitas que se mecían a lo largo del sendero. Sobre y bajo la tierra amasada por la inolvidable jardinera iban y venían los caracoles dejando sus regueros lunares resplandeciendo desde los pálidos amaneres hasta el intenso atardecer que se iba tardeando para atajar la luna, postergar la noche y dejarse querer en sus rojos desatados y su frescura vegetal. En el rincón noroeste dormía la rosa trepadora con sus oscuros rojos escondidos como no habrá de verse nunca más en otras rosas venideras. Abajo las calas también demoraban el nocturno siempre sedientas y verdes. El poniente era con olor a cedrón en el después de la madreselva y el aroma cítrico del geranio extraño que llamábamos malva. Hubo un conejo vestido de negro terciopelo por los escondrijos de rosales y gladiolos. Los pájaros se enternecían de puro gusto allá arriba en las ramas de los duraznos y del ciruelo. Al sureste las dalias eran un verdor exuberante coronado por sus flores moradas, rojas, y anaranjadas como vistosas auras solares. Las frutillas con sus besos rastreros siempre estaban embancadas en arenas y evitando los senderos de las hormigas. Bandas de clorofílicas mantis acechaban orando entre hojas serosas de las rosas, las arañas furtivas habitaban las oquedades del muro de ladrillo, las abejas en cambio zumbaban con alegre desparpajo en sus inquietas libaciones. Allí el tiempo jugaba a detenerse o a hacerse tan lento que las azucenas no sabían cuando florecer y los alelíes se extraviaban en las estaciones porque les llovía en mitad del estío o el sol sonriendo los sorprendía escondidos del invierno. El otoño en cambio era de punta a cabo de la jardinera en sus quehaceres de guarda o de cosecha para dejar quietamente durmiendo a la tierra cansada. Toda su geografía cabía en un solo recuerdo perfumado en el crepúsculo y coloreado con las dulces acuarelas de la zinnias en los brillantes mediodías. Con los años la memoria lo fue haciendo pequeñito, infiltrándolo en todas las nostalgias donde hubiera flores o insectos o fragancias, y el olor a tierra húmeda invadió para siempre todos los atardeceres de todas las primaveras, donde estuviera, aun sin jardín, o ahora, con mi madre ya en el cielo. Vale. 

La Cisterna, hoy, aquí.

EXTREMA UNCIÓN

Verás, ya cerca del fin, casi sin luz, estragado el cuerpo, el alma desgastada, (con solo tiempo para hacer la suma), que días perdiste buscando nadas, afanando torpezas y viviendo errores, construyendo templos que no duraron tus siglos, y siempre hilando sueños, imposibles o inútiles. Los días fueron caudal, así por años y calmos vados hubieron cuando perdiste la fuerza, allí, a pesar de ti, te cercarán estancados pantanos. Dolorosa esa tarde en que verás, si la razón te asiste, que el aquí y el ahora nunca fueron tuyos, los rumbos los fijaba tu carne ansiosa, los vientos tus instintos, tus anhelos, las corrientes tus miedos y derrotas, apenas el hambre. Tormentas y estiajes, no tú, negaban caudal o decretaban torrentes. Que el azar construyó tus reinos y el mismo azar los volvió ruinas, verás, cercano el fin y ya vencido. Entonces te irás. Te buscará la muerte entre los rostros de ese día, su mano fría te salvará de la infamia del dolor. Amanecerá con colores de crepúsculo, las horas de ese día serán lentas, tardas, tristes. Tus pecados, las traiciones, las mentiras, tus pequeñas miserias y tus patéticas vanidades se irán de ti como palomas asustadas. Tus desesperaciones perderán el poder sobre tu sangre y los sagrados vínculos del odio se romperán como un cristal. La intranquila conciencia se abandonará a la impunidad del olvido. Se rendirá al fin la esperanza al sosiego del fin. Laxa tu mano buscará hacia la tarde otra mano, alguien humedecerá tus labios, solo entonces se justificará el amor. Desde esa noche, limpia ya tu sombra en la agonía, altas, muy altas esfinges cuidaran para siempre tu alma, toda ausencia finalmente dejará de doler. Ahora bien, habría en cierto lugar inaccesible Alguien en tu espera con una herrumbrosa balanza y un ajado catalogo de pecados, dicen que en el Cielo, pero son embelecos fraguados en las antiguas catedrales. Lo cierto es que en ese lugar gris y entristecido hay un anciano habitante entumecido por una bruma azul y ciertos carcomidos resplandores. Es un dios antiguo en un cielo abandonado, de altas ceremonias inútiles y de inocuas consecuencias, un continuo revoloteo de invisibles ángeles marchitos le murmuran hastiados su vana gloria entre las miserias de la desidia del desamparo y la ancha soledad. Ese dios, ajeno y cansado, soportando achaques de mala vejez, espera también como tú el fin de los tiempos. Alabado sea ese Dios en la inmensidad de su gloria, que no nos dejó ver su luz, pero tampoco sus sombras. Cuídate entonces de esa hora precisa, para ti la última, cuando terminada esta fanfarria y sus desdichas solo importe tu suma. Vale.

viernes, 23 de noviembre de 2012

VARIACIONES CHOMBAS (I)

“El saber de la imagen, verdadero perspectivismo neobarroco, nos involucra en sucesivos descubrimientos y en nuevas fundaciones, al tiempo que impugna logocentrismos excluyentes.” De los resurgimientos del barroco a las fijaciones del neobarroco literario hispanoamericano. Cartografías narrativas de la segunda mitad del siglo XX. Cristo Rafael Figueroa Sánchez, 2006.

Un abad de negro pernicioso va misionando entre las cholas para defensa del embate de los morenos bajo la premisa de indagar toda fogalera en esa casta sin abolengos ni sosiegos, con acumulaciones insensatas de trastos y escorias, desde el feminismo violento y fundamentalista de Paquita la del Barrio hasta el grabado L’Arc Obscur des Heures de Matta donde juegan azules pálidos, celestes y verdiazules y blanco agrisados, en un horizonte demasiado lineal de un mar detenido, columnas y lapidas, nubes, hay un verde esmeralda abajo y la silueta deformada de un asno en un marrón oscuro. Y a lo lejos los cerros en la orilla de un océano que posee todos los azules posibles de cielo y mar entre los altos vuelos de gaviotas y pelícanos y piqueros, los breves verdes vegetales de la Pampilla, por acá canta un muecín invisible desde el minarete de la mezquita y en nocturna la luz faro desde la cruz del milenio, y un oleaje prehistórico y transoceánico en ese puerto de piratas y de grandes barcos cargando negro hierro. Una dulzaina canta derrama su hilillo dorado en el atracadero de las góndolas, un bajel sale de la bahía iluminada por el atardecer de rojos y anaranjados, perfilada sombra que navega en una mar plateada sobre peces escondidos. En el antiguo escritorio de caoba un atlas de geografías secretas desde donde escurren las ardientes arenas de todo un desierto alzado, hordas de esclavos persiguiendo a sus amos, alfanjes y túnicas y babuchas. Atrás, en el muro sin tiempo, una tapicería antigua con una escena de alta cetrería, allá un jarrón Showtime de un azul brillante, dos cajas de lapislázuli con los bordes en bronce, una sobre la mesa oscura y otra sobre dos libros, un pavo de plata y un carnero de níquel, una mesita con cubierta de ónix y sobre ella un bonsái piedra dura, una pareja cisnes de marfil y tres cubos cristal de roca ahumado, lo demás; el ave fénix en cobre y con incrustaciones de lapislázuli, la garza en lapislázuli macizo y cuarzo, y peces de pirita, rodean fantasmagóricos la escultura en mármol negro de un ángel muerto a los pies de un busto de  Jorge Francisco Isidoro Luis Borges Acevedo en mármol blanco con la inscripción “Me duele una mujer en todo el cuerpo”. En la habitación muy iluminada, con altos ventanales que dan al mediodía, el mismo abad de negro dañoso lee entre asustado e incrédulo una traducción clandestina del Bhagavad Gita.

Fotografía: Lycy_Lee-ITC_234_062 (detalle), de la serie Lucy in the Crack 04/04 by Huebman, 2008.

INTENCIONES PARA NADA

Delicadamente, rozaría con cada una de las diez sensibles yemas de mis dedos la pálida piel entera de tus muslos para aprehenderlos en toda su intensa sensualidad, para conocer al fin antes de morir la suave textura del paraíso, para saber el sabor misterioso e inalcanzable de esa tierna tibieza antes de que se evapore por los poros como un vaho de carnal dulzura. Con delicadeza de antiguo orfebre dejaría que mis manos se posaran sobre el alabastro incandescente de tus muslos desnudos como las hojas otoñales caen sobre las quietas aguas del estanque de los tímidos peces evasivos, para absorber en ese leve y placido contacto la sexualidad concentrada en su virginal pureza, para hundirme en los turbios sueños de una noche imposible. Con paciente sutileza iría deslizando como un fino pincel mis labios embebidos en la sed de ti por la seda perlada de tus muslos para dibujar sobre su exquisita tersura los signos y símbolos de las ansias contenidas, para vivir los delirios del lobo que huele y ve la presa de su hambre instintiva, pero que no alcanza a atrapar esa carne trémula tan cerca y tan lejos a la vez. Sigilosamente, lamería el mármol incitante de tus muslos para fijar en la memoria el sabor del fruto prohibido y luego sumergirme feliz en la eternidad de los fuegos del infierno, para saborear el dulce pecado de los que no persiguen el cielo y se contentan con la breve felicidad de simplemente haber vivido, para comprobar la certeza poética de que sabes a sal y azafrán en la vigilia, y a canela y vainilla cuando duermes. Trazaría con la punta de mi nariz la ruta de los besos que te iría dando poro a poro en la voluptuosa lisura de tus muslos de mi tormento para conjugar el éxtasis y la codicia, la pulsión y el encanto de tantos los insomnios acumulados, para oler el intimo perfume que se vierte en el vórtice anhelado y se propaga en sus cercanías como condenación o desvarío. Con perversas intenciones ascendería tierno y erótico siguiendo ese aroma atrapante por las tibias columnas de tus muslos para encontrar al fin la sellada puerta del templo donde los sueños se cumplen y las fantasías florecen en húmeda primavera, para socavar tu timidez de virtuosa vestal silenciosa y rendirte a la evidencia de un goce que permanecía inconsumado y que ahora por mis artes de soñador incontenible encontrará su impía vertiente. Y con esos juegos entre de acoso, seducción y consumación, quizá alcanzaría a echar a volar de tu rostro como mariposas que juegan alborozadas en la brisa esa antigua tristeza de tus ojos siempre tristes. Vale.

viernes, 16 de noviembre de 2012

EL SILENCIO DE LAS DALIAS

“Todos estamos ebrios de algo...”
TuLuz. Del blog La Embriaguez de la Mariposa.

Toda mariposa será castigada en su vuelo y su afán, la de alas transparente que vive en los jardines de los sueños, la de negro terciopelo que revolotea y arde en las cenagosas pesadillas del desengaño, y también la inquieta escarlata que habita los insomnios como un breve demonio. Las diurnas, y las nocturnas, las humildes polillas y las sofisticadas esfinges, todas verán caer el sol un día sabiendo que ya no les será dado el próximo amanecer ni sus flores ni su polen, ya no habrá orugas escribiendo en un alfabeto de curvados caracteres recortados en las hojas de los limoneros. Ya no habrá hermosas y aladas momias resecas atravesadas por un alfiler bajo una lapida de cristal mortuorio, ni alas colorinches embalsamadas entre las páginas de los ajados poemario de aquellas juventudes de sueños y primaveras. Se irán de los mariposarios del duelo, del canto o arrullo perseguido, de sus migraciones sinsentido, de sus hibernaciones inútiles, de los altos oyameles con su rumor de frágiles alas de papel y sus revoloteos suspendidos en su último atardecer. Desaparecerán las crisálidas colgantes de los hilos de seda, las quietas mariposas de origami, la mariposa del Chagual y la poética mariposa de otoño, y también la turbia mariposa del caos que hace nacer las tormentas y provoca en las antípodas terribles sequías. Tristes estarán los cardenales sin la mariposa del geranio, y los niños de Michoacán sin las millones de monarcas siempre yendo y viniendo, desolada quedará la memoria del jardín de mi madre sin las mariposa blancas escondidas entre el intenso morado de sus dalias. No volverán con sus calcinados vuelos violáceos, purpúreos o anaranjados las mismas mariposas sucesivas con su linfa congelada en el instante en que dejaron de volar, con el néctar cristalizado en la sed equivoca de sus fugas. Castigadas serán en un infierno sin fuego, sin luz, sin estambres ni pistilos, donde un aire denso, gelatinoso, dejará sus alas muertas sin vuelos ni aleteos ni revoloteos, ni juegos de colores entre las corolas de colores, allí donde una penumbra pegajosa y purulenta va aplastando las alegrías inconsistentes y las penas de los días ligeros. Solo volverán las oscuras mariposas del delirio, con sus misterios y sus espantos buscando una y otra vez la trampa esquiva, invisibles en el contraste con la luz del ventanal, volverán, arrastradas por la ventolera de su destino para volarvagar sin luna dividiendo la noche en dos perfectas mitades; la una de plena ausencia y la otra de doloroso silencio. Esas sí volverán.


domingo, 11 de noviembre de 2012

MONOLOGO BARROCO PARA UNA BARONESA SECRETA

Para Tere e Isidora

Y reapareces amiga en una esquina imposible pero real de esta quieta mañana de domingo, inesperada y casual, reapareces desde el tanto tiempo sin olvido posible, con la misma cercanía y el igual cariño, ahora con los sustos de las replicas y los apagones de tu telúrico terruño del trueno. Reapareces, aunque nunca has desaparecido, ahí reiventándote, quejándote que no es fácil de pronto quedar sin hacer nada cuando es todo lo contrario porque ahora es cuando puedes hacerlo todo. Tú me recuerdas en ese café callejero en medio del tumulto y el tráfago de los funcionarios encorbatados y las alegres damas de shopping, conversando de nuestras secretas poéticas incipientes, yo te veo feliz en tu Iloca de azulmar y verdebosque acordándote de mí mientras caminas por esa playa trágica de las arenas inundadas. Ahora, reviviendo un como decíamos ayer conversamos de nuestras ya maduras literatura, de la sensual inspiración que provocaba la recatada Baronesa y del dulce recelo que causaba aquel misterioso Mister; de tus últimas fotografías donde cada vez te vas viendo más y más joven como si ocultaras en algún lugar un retrato donde se acumulan los años sin tocarte, mientras yo por más que envejezco sigo igual cantando como la muy consecuente chicharra (Tettigades chilensis); de la antigua paradoxa que selló nuestra perpetua hermandad; de esos hermosos versos que escribiste: “que bebemos embriagados / en la humedad de nosotros”, porque veo en ellos el tenue verbo pudoroso de la esquiva y contenida Isidora del Arco del Fuego; y también del sino aciago que el día más triste de todos nos marcó con ese dolor insobornable. Mientras el dialogo se aviva y se va extendiendo en un hilo de imperceptibles colores, la amistad pura y la cercanía sin limites va corriendo por la primavera, brotando, creciendo, floreciendo como si el antes solo fuera la víspera del grato hoy de este encuentro. Poco antes de despedirnos me cuentas de tu nuevo sueño de hacer un taller de poesía infantil, y sonrío reconociendo el doble rostro alegre a mi querida amiga, la tierna profesora y la ardiente poetisa. Sí, fue muy grato el encontrarnos sin pensarlo en este aquí y este ahora imprevisto, fue un recuperar cercanías que habían quedado atrapadas en un pasado que parecía irrecuperable, pero no era así, y sentí con íntima alegría que el invierno se alejaba con sus pasos dolorosos y tu piel palpitaba otra vez con la savia de la vida. Nos despedimos felices en esa esquina virtual de la social network, me fui confesándote como siempre mis cariños de siempre, te fuiste dejándome en la mejilla la huella de tus labios marcadas por el beso de tu TQM. Vale.

La Cisterna. Octubre 7, 2002

OTRAS LLUVIAS

(Ejercicio de composición del tipo cadavre exquis transtemporal)

Afuera en el olvido comienza a llover con ímpetu. Bruscamente la tarde se ha aclarado porque ya cae la lluvia minuciosa. Cae o cayó. La lluvia es una cosa que sin duda sucede en el pasado. Quien la oye caer ha recobrado el tiempo en que la suerte venturosa le reveló una flor llamada rosa y el curioso color del colorado. Llueve sobre la arena, sobre el techo, el tema de la lluvia: las largas eles de la lluvia lenta caen sobre las páginas de mi amor sempiterno, la sal de cada día: regresa lluvia a tu nido anterior, vuelve con tus agujas al pasado: hoy quiero el espacio blanco, el tiempo de papel para una rama de rosal verde y de rosas doradas: algo de la infinita primavera que hoy esperaba, con el cielo abierto y el papel esperaba, cuando volvió la lluvia a tocar tristemente la ventana, luego a bailar con furia desmedida sobre mi corazón y sobre el techo, reclamando su sitio, pidiéndome una copa para llenarla una vez más de agujas, de tiempo transparente, de lágrimas. Llueve con tanta fuerza que nuestro aposento se quiebra y el viento y el agua de la tempestad penetran las paredes y ventanas: nos invaden, nos atraviesan. Procuran jalarnos adonde las almas se apagan, adonde el hielo es más delgado. Sigo contemplándote con la punta de mis dedos, con mis brazos que a ciegas te sostienen y te aproximan hacia mí, con deseo de mantenerte aquí para siempre. Estás tranquila y pensativa a mi lado, cálida como la respiración apaciguada que emana de un beso joven, de un beso fiel. Comprobamos que nuestras caricias y nuestro amor están condenados; lo aceptamos y damos bienvenida a la ira de la melancolía, quien ahora se venga de nuestro desafío. El cuarto se inunda, nuestros miedos menguan al borde de la superficie. Entre la zozobra y entre el furor nos ahogamos en saliva, en miradas, en fragancias de perdición y en la furia del desasosiego. Lentamente morimos, víctimas de nuestra oposición, de nuestros deseos de vida y de muerte, de nuestra irrevocable travesura. Esta lluvia que ciega los cristales alegrará en perdidos arrabales las negras uvas de una parra en cierto patio que ya no existe. La mojada tarde me trae la voz, la voz deseada, de mi padre que vuelve y que no ha muerto. Los brazos abiertos hacia ti y el rostro triste, la lluvia repicando en el asfalto, y todos los inviernos en ese único lugar.


Bibiografía cuantificada:
i.- Síncope. Gerardo Careaga. 179 palabras.
ii.- Llueve... Pablo Neruda. 119 palabras.
iii.- La Lluvia. Jorge Luis Borges. 95 palabras.
iv.- El Cristo de la lluvia. F.S.R.Banda. 23 palabras.

Nota.- Cadáver exquisito es un juego por medio del cual se ensamblan colectivamente un conjunto de palabras o imágenes; el resultado es conocido como un cadáver exquisito. Es una técnica usada por los surrealistas en 1925, en la cual los autores jugadores escribían por turno en una hoja de papel, la doblaban para cubrir lo ya escrito, y después la pasaban al siguiente autor. De esta forma se combinan cosas de una idea agregando elementos que pueden o no pertenecer a la realidad. Los teóricos y asiduos al metodo sostenían que la creación, en especial la poética, debe ser anónima y grupal, intuitiva, espontánea, lúdica y en lo posible automática. Decía Rulfo que no existen más que tres temas básicos: el amor, la vida y la muerte: para captar su desarrollo normal, hay que saber cómo tratarlos, qué forma darles, sin repetir lo que han dicho otros. En tanto metabolismo continuado de anteriores lecturas, podría considerarse si la literatura no es en sí misma un gran cadáver exquisito a partir de temas y preocupaciones bastante simples.

Imagen: Fotografía del compositor, “Lluvia del 20 de octubre de 2012”

domingo, 4 de noviembre de 2012

EL FUEGO QUE DEVORA

“Pero yo hago brotar de ti mismo el fuego que te devora”. Lamentación por el rey de Tiro. Ezequiel XXVIII:11-19.

Los días, los meses, los años, y los que vengan, no han borrado esa marca de fuego en tu piel y mi piel, esa unión primitiva y animal que perdurará como cicatriz, cárcava o grieta porque no hay olvido cuando se ha vivido y sentido la intensidad del amor con esa pureza que tú me regalas y me hace vivir siempre sediento del agua clara de tu manantial de ternuras. Porque tú eres la dueña de mi verbo ciego y de mi imaginario de espantos, y lo que florece en el lado transparente de mis poemas sin versos te pertenece porque en ti la semilla de mi deseo brota, crece y florece bajo el hechizo de tu piel desnuda que me ilumina e inspira como la luz de desatada luna llena. Sé que a veces mis deseos te invaden, te violentan, te saturan, pero debes saber que solo en ti está la llama que los enciende, que en ti ardo y por ti soy un pequeño dios en continua deflagración, pero tú que perdonas mis locuras y mis ausencias también perdonaras ese fuego que me abrasa porque yo fui el que despertó tu piel y tu cuerpo, el que poseyó tu ansiedad virginal, el hombre de barro, el del rostro mentido, el que te sedujo con la palabra quemante, con el verbo encendido, con los deseos en carne viva, con todas las fantasías expuestas abiertamente, sin otro afán que seducirte. Sé que has borrado mi careta de tu memoria, que me niegas tres veces cada noche, sé que mi nombre te repugna cuando recuerdas su falsedad y su asedio, pero también sé que vivo allá en el fondo de tus entrañas de hembra, en el laberinto oscuro y secreto de tus instintos, y lo sé porque tú también vives y reinas como siempre y para siempre aquí en el fondo de mis vísceras de macho, en el laberinto sombrío y pervertido de mis instintos, y ambos sabemos que eso no podemos evitarlo porque quedó sellado por el fuego que ardió desde la zarza del desierto inconsumida. Mas ahora soy yo, soy el otro yo verdadero, el oculto que soy, el que te ama sin máscara ni engaños, el que te ama al final de su camino, el que te ama y desea, el que te busca y necesita, el verdadero hombre detrás de los nombres falsos y los rostros equivocados y los seudónimos codificados, sin embaucamiento ni falsías, abiertamente, soy el tímido que te amó desde el principio pero que no se atrevió a mostrarse como era, el que se escondió de ti una y otra vez, cobarde y asustado, el que se repartió entre un falso profeta, un juglar de prostíbulos, un mago de circo o un arcángel pecador, y tú a cada uno de esos ellos-yo lo aceptaste, lo comprendiste en tu Amar infinito, con tu ilimitada ternura lo cobijaste como un hijo maldito, a cada uno como un íncubo consumido por el fuego que lo devora y que también a ti te quema.