miércoles, 27 de junio de 2018

NOTAS DE VIAJE A LOS BOSQUES


“Lo nuestro era volar”
K. y K.
Graffiti en la entrada del Mercado municipal de Maullín,
Región de Los Lagos, Chile.
  
En Llico Bajo cruzamos un otoño hondo como un respiro y un río fluyente lento enverdecido entre la asombrosa densidad vegetal de bosques ancestrales, el frío que rasgaba la mañana de bruma y difuminaba los relieves y escondía los pájaros, todo era quieto y agonizante como un último sosiego, yo procuraba no verte en el cimbraje del juncal, en las floraciones escondidas, pensando en la lluvia que iba a venir si te imaginaba silueta o sombra allí en la mitad más húmeda del paisaje de ese sur que escondía tus vestigios en los arrebolados troncos de los arrayanes o en la piedras que latían en la corriente transparente de las orillas. O quizá fue en Parral, hacia la cordillera, que era en ese entonces un rumor de otro río invisible, con su inverosímil castillo (o laberinto) borgeano en medio de la infinita grama, y leñas esparcidas en un azar misterioso que detentaba tu nombre de mariposa contra el cielo de nubes cirrus como una pianola recortada en el horizonte arisco e imponente de las alturas del Andes con los verdes infinitos tarjados por los brillantes amarillos verticales de los álamos ajenos, por ahí por las nacientes del Longaví con sus aguas congeladas y el volcán también esparcido en antiguas piedras grises y terrosos amarillos, y me fui enhebrando los pocos pájaros entumidos navegando en el frío cristal de la mañana de un sol despuntando en las puntas silenciosas y quietas de los riscos, pero tampoco fuiste habida en este boscaje de más al norte del otro sur. Ahora, hecha la travesía, recupero tu voz como las migraciones de las aves y no sé de otros designios que esa tu voz, ni quién pintó tu retrato de alba niña en el jardín de tus floraciones con tu rostro sonriendo y esa tranquila dulzura florecida, sin saber como se llega al bosque de altos silencios donde meditas incrustada en los nudos de los troncos y en el verde de los musgos, la recupero como un agua que escurre por entre las piedras muertas sin saber donde, sin atreverme a trazar el mapa de los senderos por donde caminas cuando sales, sin reflejarte en mis espejos, a buscar los rastro de ese viaje.
  
Llico-Maullin-Parral, otoño, 2018


sábado, 13 de enero de 2018

UN COLOR DEL TIEMPO


“Una vez, durante un crepúsculo violeta,…”
Earth Is the Lord's. Taylor Caldwell, 1941.
  
“... cogiendo, como siempre, el violeta intenso de la hora.”
Otra Vez El Mar. Arenas Reinaldo, 1982.
  
Buscó el violeta por su esencia crepuscular, como de esas extraviadas nostalgias que ya no sabemos si son memorias o sueños, o de aquellos perfumes acumulados de todas las insinuaciones que no se consumaron, su consistencia impenetrable de tiempo ido, desde el púrpura ungido hasta el lila floral, el azul escondido y palpitando en los turbulentos pliegues del mediodía. Ella, dibujada en el desesperante contraluz del ventanal como un quieto ángel insoportable, y allá atrás el persistente violeta que la perseguía como un halo mágico o un aura de sutil y sagrada virginidad. Su piel, intocable porcelana, refulgía con una densidad de mariposa cuando la luz lunar se mimetizaba con su palidez que todo abarcaba, sus ojos dormidos en su imperio, su silencio de piedra tutelar, su presencia en el desamparo de la tarde, los pájaros entumecidos esperando que amaneciera y el misterioso dialecto con que los caracoles la iban [d]escribiendo y descifrando con sus babas plateadas en los antiguos muros de ladrillo. La lejanía le daba un aire de lenta paloma sumida en un vaho que recordaba el aroma de los gladiolos, o nardos, o dalias, de un jardín donde ella fue subterránea mientras fue crisálida entre las tenues y delicadas raíces de las violetas. Desde la liturgia de soñarla equivocada de rumbo y artificio entre altas floraciones violetas la desdibuja una y otra vez para sentirla en su absoluta intensidad inicial, liberada de claroscuros y fetiches inciertos, la ve de lejos (i), sin sombra ni perfil, la ve así disgregada por el atardecer, difusa en su perpetua inestabilidad de vestal profanada por el violeta que la acoge en su lenta turbulencia desvanecida y esencialmente crepuscular (ii).
  
  
(i) “… desde allá lejos, donde están los pescadores, todo el que mire verá en la playa violeta a una mujer violeta, pisar arena violeta, y avanzar junto a un mar violeta…”
Otra Vez El Mar. Arenas Reinaldo, 1982.
  
(ii) “Yo no sé, yo conozco poco, yo apenas veo, pero creo que su canto tiene color de violetas húmedas, de violetas acostumbradas a la tierra, porque la cara de la muerte es verde, y la mirada de la muerte es verde, con la aguda humedad de una hoja de violeta y su grave color de invierno exasperado.”
Sólo la muerte. Pablo Neruda, 1935.
   

LA GRAN TRIBULACION (Segunda versión)


Vindicación de Yocasta
  
[Y me llevó en el Espíritu al desierto; y vi a una mujer sentada sobre una bestia escarlata llena de nombres de blasfemia, que tenía siete cabezas y diez cuernos. Y la mujer vestía ropas de púrpura y escarlata, y resplandecía de oro, piedras preciosas y perlas. Tenía en la mano una copa de oro llena de abominaciones, que eran las impurezas de la inmundicia de su fornicación y la lujuria de la tierra entera. Apocalipsis 17:3-4]
  
...pero no me importó porque el púrpura y el escarlata de sus vestidos encendían aun más los fulgores carnales de sus pecados y yo pecador perdido sin perdón para siempre lo único que deseaba era hundirme y beber, beber y ahogarme en el cáliz de oro lleno de su sangre y su saliva y sus fluidos hirvientes y sus aguas de perdición, y vi el nacarado tierno de su cuerpo vestido solo con oro y piedras preciosas y perlas, y ella ebria de la vida que se toca y que duele, me llamaba, me atraía hacia un túnel sagrado, y no me importó, porque la anilina de sus ojos me envolvía en el tul de su piel perfumada, ardiente y cercana, y fui más ciego al mal que enemigo del bien, y fui sordo a la voz del cielo de mentira, y a los votos de abstinencia de monje adusto y consagrado, así sumergido al fin en ese liquido primordial de sangre, leche, saliva, sudores y lagrimas y orines y licores sexuales, esas aguas vivas que me llevaron la vida buscándolas para aplacar mi sed de ser parte del Todo que me prometieron en el Paraíso,  y sentí que mi cuerpo inmerso en la tierna turbiedad de ese vino voluptuoso se iba involucionando sobre si, curvando sin dolor ni conciencia, mis piernas se encogían con las rodillas al pecho y las manos en oración hacia el rostro, bajando la cerviz y cerrando los ojos, y supe que en ese cenote tibio y urgente, lleno de los aceites y brebajes de la Gran Ramera que no eran el vinagre fétido de todos mis pecados, no, yo no estaba muriendo sino volviendo al origen materno, entendí que esa cálida densidad animal era en verdad sus íntimos caldos uterinos, que estaba de regreso al único lugar donde el Universo tenia sentido, y asombrado intuí que era el fin de la búsqueda, del camino, y del Tiempo. Y fue esa mi revelación. Creo recordar que con el pavor desesperado de los que alcanzan a ver la Luz, quise borrar con el codo los oscuros escritos que me habían llevado a ese divino dzonot, pero comprendí que ya era tarde para todo. Y ahora estoy cerrando otra vez los ojos y dejándome morir para apurar el goce de los últimos estímulos vitales de estas las aguas sagradas de Babilonia la Grande…
  

[Dadle a ella como ella os ha dado, y pagadle doble según sus obras; en el cáliz en que ella preparó bebida, preparadle a ella el doble. Cuanto ella se ha glorificado y ha vivido en deleites, tanto dadle de tormento y llanto; porque dice en su corazón: Yo estoy sentada como reina, y no soy viuda, y no veré llanto. Apocalipsis 18:6-7]
  

domingo, 31 de diciembre de 2017

ADVERTENCIA A LA AMANTE POR VENIR


(Premoniciones y certezas)

Serás sagrada y, como nadie nunca antes, irremplazable, en la sombras y el secreto, en la esquina más oscura y lejana a los caminantes cotidianos, serás única y ferviente, virginal por gracia de mi nombre que ahuyenta a los lobos hambrientos y a las iguanas matreras, irás paso a paso sufriente por ese otro sendero, el que no tiene fin ni destino porque el camino es la meta, perpetrarás los últimos pecados y habitarás con mordido silencio desoladas ilusiones, serás invisible a todos los ojos que te avergüencen y a los sueños del tormento en que te sumirás ebria de un amor incomprensible del que solo tú conocerás sus códigos y símbolos, su íntimo dialecto y su misteriosos ritos, serás clandestina, siempre escondida o huyendo de ti y de todos, del repudio de altivas damas y del asedio de ilustres varones, siempre atardecida, crepuscular o nocturna, sigilosa y esencialmente triste. Pero a cambio de este amoroso calvario te ofrezco calles tristes, atardeceres desesperados, la luna de arrabales perdidos, te ofrezco la amargura de un hombre que ha mirado largamente la solitaria luna, te ofrezco aquello que mis versos ocultan, lo a mí destinado o lo que hay de nuevo en mi vida, te ofrezco la lealtad de un hombre que nunca ha sido leal, te ofrezco lo que hay en mí y que ha permanecido intocado en lo profundo de mí, que no puede expresarse con palabras, que no ha traficado con sueños, que no ha sido desgastado por el tiempo, por las alegrías, por las adversidades, te ofrezco la memoria de una rosa amarilla vista al atardecer, años antes que tú nacieras, te ofrezco explicaciones de ti misma, teorías sobre ti misma, auténticas y sorprendentes novedades de ti misma, yo solo puedo darte mi soledad, mis sombras, el hambre de mi corazón, ya ves, estoy tratando de seducirte con  la incertidumbre, con el peligro, con la derrota.

Nota.- En cursivas paráfrasis de fragmentos escogidos en traducción libre del poema II, de Two English Poems. Jorge Luis Borges, 1934.
  

viernes, 1 de septiembre de 2017

SOOOLITARIO


Para F.A.R.C., aquel cuyo dios lo enmudeció para negar la insoportable belleza de su verbo.

Esta lila se deshoja,
Desde sí misma cae
y oculta su antigua sombra.
He de morir de cosas así. (i)

Negada es tu voz amigo desde los luminosos laberintos de tu sublime locura con sus iridiscencias y sus monstruos medievales, negada a tientas, porque los ecos de tu barroco sevillano perdurarán en las memorias de los que se atrevieron a perforar tu mágica demencia y miraron desde acá abajo el abismo insoportable donde te zarandeabas sobre la cuerda de tus delirios como un equilibrista que cree que puede volar, y posee el imaginario, el verbo y los asombros necesarios para negar la imposibilidad de los verdes saurios del infierno, las mariposas sangrientas y los gatos escaldados, así, sin más, como si tu palabra fuera creando a tu alrededor lo que tu desaforada imaginación iba extrayendo con intensidad de demiurgo de tus oscuros desvaríos, andarás combatiendo contra tus demonios persistentes en algún tugurio de mala muerte allá por los arrabales de un cielo desvencijado donde un dios te mira con los ojos tristes de mal padre, seguirás (d)escribiendo los mundos de tus sueños fantasmagóricos, las visiones inverosímiles de tus alucinaciones enfermizas, los textos de fábula del desterrado voluntario en los que cada objeto, vestiglo, color, insecto o flor que describías volvía a esta mísera realidad más brillante, pulida por tus geniales arreboles y a la vez carcomida por la dolorosa extracción de la piedra de la locura.

(i) “Vértigos o contemplación de algo que termina”, poema incluido en 'Extracción de la piedra de locura', Alejandra Pizarnik, 1968.

Nota del autor.- Escrito en mismas doscientas dieciséis palabras.

Imagen: “La Extracción de la piedra de la locura”.  Óleo sobre tabla, de 48 x 35 cm, del pintor holandés El Bosco (Hieronymus Bosch) o de un seguidor del maestro,​ realizado entre el 1475 y 1480.


jueves, 16 de marzo de 2017

HUYO DE TU VOZ ENTRE LAS DALIAS


Para A. (ella sabe quien…)

Huyo de tu voz que me enceguece los caminos por donde me extraviaba para desaparecerme, que me santifica los rumbos y me enternece las estaciones, me fugo hacia un silencio de piedras heridas y altos cañaverales y vuelvo a encontrarla en las vertientes escondidas, en los acantilados donde los musgos crecen escribiendo tu nombre, en los gaviotales atardecidos y en las pajareras del mediodía, y es tu voz en su cadencia pagana la persiste en su salvaje recurrencia de obsesión clandestina como una ventolera sobre los cuarzos de las arenas que dormían esperando el polvo o la ceniza, y se repite eco entre el ramaje del bosque, acude, desborda, exhala un perfume oscuro de yerbas sagradas, de dalias eternas y de misteriosas amapolas, de una noche de evanescentes madreselvas y del aquel ciruelo enarbolando su albo velamen en el negro terciopelo de un nocturno adolescente que buscaba [sic] tu voz en los equivocados territorios de los amores niños o de las pasiones que nunca alcanzaron el otoño. Huyo de tu voz que me inunda y me recorre, que me acaricia la piel más profunda, y que me deja estremecido por la nostalgia crepuscular de esas las dalias perdidas en el tiempo, y me deja ser niño otra vez y recuperar la sensación de la cercanía de mi madre haciendo florecer las primaveras de mi infancia, y tu estabas ahí con tu voz entre el silencio de las dalias, vestida de ese blanco de perfecta musa imposible cantando con tu dulce sensualidad de mariposa intocable. Huyo de tu voz por los laberintos desquiciados de mis memorias que ya la poseían como escondida semilla subterránea entre los herrumbres de otras voces que iban hilando la telaraña de tu voz que me atraparía en este destiempo de invencible distancia, de océano de por medio, de horas desplazadas por una astronomía que semeja el azar furioso del destino que no quiso que fueran las mismas mañana o los mismas noches, porque tus madrugadas aún son noches en mis comarcas adormecidas y los sueños no se reflejan en los mismos espejos. Huyo de tu voz para seguir buscándola en los cristales de las lluvias de la noche y en los colores de los peces sumergidos, pero ahora sabiendo que te escondes en tus mariposas y tus flores, en las piedras foliadas y en las gárgolas, en los vitrales de antiguas catedrales y también en algunas tardes en los asombrosos dibujos de las nubes. Sé que sentirás que alguien te piensa a lo largo del día, de los días, de los años venideros, y sé que sabrás que soy yo embrujado (sin huida posible) aún por tu voz.


jueves, 2 de marzo de 2017

VIAJE AL OTRO INVIERNO


Desde la ribera poniente del Estero Yerbas Buenas, 18 al 20 de febrero de 2017.

El color de los ojos de Marianela en cierta tarde mirando el atardecer, un violeta y un verde fosforescente en la esquina que daba al mar hacia el poniente y donde  todo era allí, la angustia de extraviarte y la ansiedad por volver a encontrarte, la ventolera y la lluvia que arrecia desde la altura de los bosques oscuros con los ulmos de blanco florecidos, los dados que jugaban cada uno a su aire su pequeño azar instantáneo, la noche de las cinco lunas estrelladas que la memoria guarda como fugaz destello del ahora imposible, la suma y sus cansancios, el río ancho lento con sus aguas casi quietas bajo la lluvia que es todas las lluvias, el silencio que es todos los silencios, los del verbo encarcelado y los que se escondieron en las cenizas de los rescoldos de la dulzura de [tu voz] las voces ya sin rostros, el preciso matiz de unos labios despintados por la turbulencia de una noche de besos y susurros, este invierno que posee el encanto de lo probable y la certeza del vacío, la lluvia, siempre la lluvia como si lloviera en otro invierno, el vino que busca en la contingencia la derrota o la victoria, ambas inútiles en la hora tardía, la cata de los whiskies de los aromas perdidos, con esos sabores que se quedan doliendo para remarcar la nostalgia, un sol que nunca amanece y una luna ciega, y el vaho de los montes sobre la fría mañana, ese breve invierno donde la voz se curva desesperada y desaparece.

Post data.- Ese nombre es un simulacro o un espejo que no refleja sus ojos en su vértice esencial. Ese violeta y ese verde fosforescente son solo antiguas y veneradas reliquias de un desértico territorio, quizá la antípoda climática de este otro invierno.


martes, 7 de febrero de 2017

REFUNDACION DEL OTRO INVIERNO


En memoria (siempre viva) de S. del C.

“Sólo quiero el grito que destroce la garganta, deje en el paladar sabor de entraña y calcine los labios proficientes”. El Sueño de las Escalinatas. Jorge Zalamea Borda, 1964.

Todo vuelve y permanece pero ya nada será igual. Ella fue ave sobre el techo de zinc ahí por el lado del ciruelo, o abeja ajetreando en su jardín florecido y la pequeña chacra que rememoraba perdidas comarcas de su infancia, fue el pan diario que salía de sus manos como crujientes bendiciones, y el sonido rítmico de la maquina de coser, o el misterioso silencio con que habitaba los días de lluvia esperando que escampara. Que de pájaros dejó por los duraznos y la madreselva, o los humos enrojecidos de atardecer que se vienen como adentrándose en la noche desde su rumbo dormido allá por el sur del tranque y el velero niño cuyo velamen aprendió el viento en la ternura madre de sus manos como una blanca mariposa mágica. Se fue yendo de a poco, a pasos lentos, como no queriendo, primero el jardín se fue borrando de dalias y nardos, luego el ciruelo se perdió en las memorias del estío, después fue el pan y el brasero, hasta que se cansó esa noche y se voló calladita con su queltehue. Quien vio la palabra destrozada, los altos muros antiguos, la puerta blanca apoyada en un poste, supo de ríos aciagos, de negaciones, de calles / paisajes / rompientes. Quien vio el azul agonizando esparció cenizas de aviario, gránulos de pesebrera / holladuras. Quien vio a la madre preñada de él mismo esperando las luces de sus ojos, las manos pequeñas apretando, el llanto niño por las tardes del jardín, hundió en carne viva la espina y la sal. Quien vio el secreto en podredumbre en el charco enlarvado e hirviendo es que abrió una puerta blanca, negó la palabra destrozada y se ha ganado su rincón en el Infierno (i). Volverán en auge los soles indolentes, el canto del miedo, lo nebuloso y lo turbio, lo oscuro o tenebroso, la surgencia de las aguas malas en las orillas de destierro, en la negras arenas donde las huellas de pisadas relumbran por los reflejos dorados de un lejano sol inmenso que se hunde vencido en su poniente, en las arcillas donde las algas mustias yacen como la escritura secreta de los arcanos vencidos. Por todo esto y más, (quizás todo un territorio inconmensurable y un infinito tiempo irrecuperable que existen en su nombre), que no es posible describir en un idioma que no posee las palabras necesarias a tanta pena, es que dejó de herencia su ausencia insoportable. No volverá nunca más para que la sigamos buscando para siempre.

(i) “Aquel que vio”. Del poemario Raíces en Arenas Negras, F. S. R. Banda, 2006.


viernes, 8 de julio de 2016

SUB NOCTE


“Fue en ese sentido un crepúsculo que confundimos con un amanecer.” Nombre propio. Rafael Gumucio

La santa noche se desgrana en sus azules furiosos, diamantes constelados en un negro terciopelo, falsos cristales maclados que estallan en delicados fulgores y un coro de falsetes irrisorios y una música veleidosa de violines escarchados, a lo lejos adentro incrustado un arabesco de ángeles marchitos envueltos en la bruma de un cielo vacío destella como falsas estrellas desperdigadas en sus metales desesperados. Es en la vastedad del nocturno donde se vierte una oscuridad de púrpuras solemnes (como el poco de mañana que se va definiendo en los últimos estertores de crepúsculo) y túneles furiosos que habitan las ciegas serpientes que reptan la madrugada en un oscuro de boca de lobo o de ojos de obsidiana de los dioses de mentira. Nunca se abrían las cortinas opacas: evitaban las ortogonales negras de los árboles de invierno, idénticos a lo largo de la avenida, la llovizna puntual del mediodía, y sobre todo ese gris metálico y unido del cielo, que anunciaba en las islas lejanas tiempo de ciclón (i). Es como un alba de arenas donde desembocan todos los ríos posibles y desaguan sus turbulencias de irisados astros parpadeantes, vidrios de impetradas transparencias, chisporroteos inútiles ante un sol flamígero que asoma en su solsticio vencido y desgarrado. La noche del infierno es de hielos púrpuras tachonada de cálidas perlas de misteriosos orientes y luminosas ágatas con sus ponientes de ocres iridiscentes donde espejean peces espurios y algas de un tenue conchevino, la copa rebalsa en los silencios, en la macumba de oscuros dioses encarcelados que beben un brebaje de semillas de mandrágora y capullos de orugas muertas, y comen un hervido con las vísceras de un unicornio degollado con un cuchillo de madreperla mientras baila el hembraje exhibiendo los pálidos mármoles de sus muslos virginales entre sedas negras y tules transparentes, danzan frenéticas y desvergonzadas por que allí ya no hay esperanzas. Descendía de la estatua, morbo de sus escaras, la intolerable amenaza de una muda eternidad de cal, de mondos huesos, de lirondos huesos dispersos en un desierto de ceniza, de agria leche fósil, bajo un cielo que negreara de puro sol, sin otro ruido en el espacio que el freír de su luz (ii). Es en el desborde de amarillos girasoles, en los arcángeles y los celacantos, en los vidrios biselados de sus ojos, en los cuarzos, en los suspiros, en el silencio de lentas goteras que dejan las lluvias donde la noche de las babosas y las aguas malas, de las fieras de cristal sobre la mesita de centro, se desangra en odios de juguete y alegrías de fanfarrias callejeras. Amanecen lentos fuegos y demonios espejeantes por el frío portalón de día.

(i) La Simulación. Severo Sarduy, 1982.
(ii) El gran Burundún-Burundá ha muerto. Jorge Zalamea, 1952.


sábado, 25 de junio de 2016

TE BUSCABA


Yo buscaba tu boca en las tenues torceduras del tiempo, la significación de tus ojos por los breves intersticios del desespero, por las grietas de la obsesiva soledad sin tu nombre, por los tenebrosos tumultos de las esquinas más oscuras, buscaba una cerrada penumbra o un perfecto atardecer, el torvo plenilunio taciturno que iba a iluminar tu pelo, pero tú aun no podías extinguir de ti la otra ausencia, aun te negabas a dejarla con la solemnidad de las cenizas, a borrar los últimos vestigios de ese pasado y sus delirios, yo buscaba cabizbajo el rictus de tus labios en los cántaros, el perfume extraviado de tu piel atravesando las madrugadas, las tibias ternuras que acumulabas en tus manos vacías, pero tú seguías soñando por los laberintos del otro otoño, sin saber que todos tus pasos ya caminaban hacia mí porque yo te buscaba en las torcidas flexuras del tiempo con el preciso destino de ir mascando esta gloria bastarda de poseer tu ahora y tu memoria a destiempo con la clara premonición de una eternidad tardía, deshojada, pulida por las arenas que traían otros vientos cruzados de océanos y marejadas y bajamares en las costas de tus lluviosos olvidos. Iba paso a paso ebrio de las lluvias y los ponientes que presagiaban tu cercanía, tu cadencia de libélula esquiva o de mariposa evasiva, iba y venía en un círculo de infiernos, de rastrojos, de abisales celacantos y de nocturnas noctilucas, divagaba buscando tu nombre en los amarillos y ocres y rojos iniciales de los otoños, en los cantos rodados que traían los ríos en los turbios inviernos, en los geranios florecidos en los confines de las primaveras y en las dulces vendimias de los estíos que anochecían de incertidumbre. ¿Que hechizo me has hecho mujer? ¿Por cuales grietas de mi ya cerrado destino pudiste entrar y revolverme los días y desaguar la vasija reseca de mis noches? ¿Como encontraste la llave herrumbrada de mi alma clausurada a los trinos de Amor? ¿Qué ángel vengador o demonio cómplice te la dio sabiendo que vendrías a coronarte reina de heliconias y designarme tu loco vasallo? ¿Quien te creo así sigilosa y deseable a mis oscuros delirios de fauno entumecido? Si yo solo buscaba la fisura por donde tu voz se me escapaba hacía el silencio y se hacía susurro y humo, cárcavas en las piedras y jeroglíficos indescifrables en la cortezas de los árboles de todos los tristes parques por donde yo te buscaba.

Imagen: Fotografía del autor, junio 2016.


martes, 31 de mayo de 2016

TODO LO QUE QUIERES


Quieres todo mujer encelada, quieres el día y hora en que mi santa madre me echó al mundo frío y ajeno a buscarte por los recovecos y las grietas donde no estabas, mi niñez en el jardín de las dalias y mi adolescencia acumulada en el cruce de dos calles por donde el atardecer se hacía noche en un poniente allá abajo lejos imposible, quieres mis pesadillas con sus miedos y desesperaciones, mis sueños tranquilos y borrados de la memoria por gracia de mis sicóticas inhibiciones, mi desolaciones de náufrago inconcluso y de viajero extraviado, mis soledades buscadas o sufridas según ha sido el rumor de un azar indescifrable, quieres las alegrías que me fueron floreciendo entre los musgos del tiempo detenido, las miserias de alabastro u obsidiana, las pequeñas perversiones que fui ocultando en los intersticios de las brumosas madrugadas, las pocas penas que guardo para las frescas tardes de los últimos estíos, el ruido de las lluvias sobre el techo de zinc en los inviernos de mi infancia y el perfume de los nardos y el sabor de las ciruelas, quieres la cuenta de los latidos que llevo vividos y el saldo de los pocos que me quedan, la esquina donde te esperé equivocado y el mar de noctilucas fosforesciendo en aquel oleaje nocturno, los ocres y los púrpuras de un desierto que tenía tu nombre oculto en sus piedras lustrosas por los vientos incesantes, quieres mis ternuras aconchadas en las oquedades del largo destierro de minerales y arenas yermas, de rocas de verdes cobres y brillantes piritas, el óxidos de los barcos anclados en la rada con sus luces lejos donde yo me soñaba embarcado y tan lejos que no había horizontes ni altas gaviotas, quieres lo que ven mis ojos cuando los cierro cansados de buscarte, las palabras y las sombras que me definen como silueta difusa a contraluz de todo o me borran la máscara que asumo para soportar los años y las gentes, las mentiras perfectamente construidas y los versos quizá plagiados en la confusión de una sobrevivencia imposible entre fieras y acantilados, quieres la cartografía secreta de los tortuosos senderos de mi bosque, con su estanque de peces silenciosos y los números codificados con que identifico los geranios, los nombres de los pájaros, de los insectos y de los caracoles, y también el sitio exacto en que las hormigas dejarán mis huesos blanqueados en su triste cal originaria, quieres mis herencias marcadas en la piel y las voces que no olvidaré nunca porque poseen la vigencias de los seres queridos, quieres el todo y lo poco, lo que recuerdo y lo que olvido, quieres tantas cosas que me faltarían crepúsculos para dártelas todas.

Imagen.- Fotografía del autor, mayo 28, 2016.


miércoles, 18 de mayo de 2016

DIA DE MI MADRE (Fragmento interminable)


Para S. eterna.

La línea se desliza en su enjambre buscando la fúnebre geografía del abandono, del vuelo eterno, del sin retorno a sus manos venerables, la letra se fuga hacia las memorias selladas de aquellos años tan antiguos que se perdieron los códigos y se borraron los símbolos, nada fue igual después que se durmió con la serenidad de una santa y se llevó los últimos instantes de su cercanía esencial, atávica, irremplazable, las palabras se afanan en recrearla, en describirla desde el vano exilio que han sido los días recortados en los años sin ella, la frase singulariza los vocablos que le pertenecieron como los campos y las algas, el sentido de los vientos y el doloroso plenilunio, como las dalias y las azucenas, el párrafo difumina la pena, atardecer y silencio, se extiende y disgrega en un alzavuelo de palomas, en el musgo en las paredes, en la hierba que acoge su voluntad de irse sin desaparecer en las piedras ni las lluvias, en la tierra pura que caminó ya cansada la línea se desliza buscándola. Dejó su silueta en la puerta esperando, su tibieza acurrucada en la casa que la refleja en la paredes y en los rincones, atareada siempre, dejó el cansancio de tantos años abandonado en la cocina junto a la vieja escoba y a las penas que nunca supimos, las alegrías todas se las llevó escondida como los granos de uva que llevaba en los bolsillos del delantal para ir endulzando el día y quizás también para contar las horas que siempre le faltaron.

La Cisterna, Mayo 8, 2016.

viernes, 11 de marzo de 2016

NO ESTABAS


“Consuélate: no fue un tiempo perdido: en todas tus ausencias, yo te amaba.” Rima IV. Blanca Barojiana.

Te busqué con otros nombres y otras siluetas recortadas contra la luna poniente, dejé el oleaje suspendido en ese mar que mirabas enceguecida de nostalgias, abrí senderos en la jungla de tu recuerdo solo para volver a oler tu perfume una vez más y recordarte toda una tarde sin crepúsculo posible ni pájaros oscuros emigrando por tu ausencia, dejé mis huellas caminando en inútiles círculos por los desiertos que guardaban en sus resecas arenas las perfectas sombras de tus pestañas, declaré mis tormentos en los amarillos de los aromos y los trigos, te supuse perdida y asumí la pérdida mientras el río murmuraba la pena que yo no me atrevía a divulgar por esos bosques donde te divisé tantas veces como si fuera cierto y no el juego cruel de destellos de sol en los follajes. Tú sabías por esos entonces que yo te buscaba sin testigos por las sombras inclementes de las noches de plenilunio, por las esquinas de faroles apagados, por las orillas y los cauces, por las entrelíneas de mis furiosas cartas de amor que atesorabas sin reconocerlo porque en ellas estaban los fragmentos de todo lo que eras. Te escondías en los ciegos nublados del acaecido invierno, en los pétalos esparcidos de la vasta primavera, en la hojarasca murmurante del otoño y en los lentos calderos del estío, desaparecías subterránea o sumergida aunque vigente como una estatua insoportable esculpida con el tormentoso material de mis derrumbes, mis asedios y mis molestas persecuciones obsesivas. Te buscaba en nuestros desolados territorios, en los parques y en las espumas de las rompientes, y tú sabiéndolo no venías, no te dejabas ver en las luces ni en las lluvias, te borrabas, eras ausente por vocación de esfinge, descreías de fervores, de halagos, de los versitos de mala muerte que te escribía en los ventanales empañados, de los susurros que invocaban ciertas noches de cuando estabas. Sé, iluso soñador, que andarás ahora también en los sitios equivocados, oyendo mi voz sin eco en su reverbero por las comarcas de la espera desesperada, viéndome de mentira por las últimas calles de tus penúltimos atardeceres entre los perros que ya no te ladran y los mendigos dormidos, caminarás como siempre altiva, dueña de tus celos, de tus furias, de esas torpes certezas que siempre confundías con tus usuales desengaños, poseedora de todos los espejos y de los infinitos matices de los otoños, del preludio y de los tristes finales, única heredera de tu imperio somnoliento, pero también inevitablemente, y para siempre, arrepentida. Vale.


viernes, 26 de febrero de 2016

LA ROSA (RE)ENCARNADA (Texto en eterno progreso…)


«adonde los mundos regresan, es mi estado». Krishna, en el Bhagavad Gita

Pagarás niña deseada y distante, pagarás tarde o temprano, en esta vida o en la que nos viene, o en alguna de las sucesivas, pero pagarás, no tengas duda. Y morderé tus labios en el primer beso y sentirás que ahí estas comenzando a pagar, llegará el café y te seguiré besando, aspirando tu perfume, apretando tus manos, saborearé en tus labios el sabor del café enamorado y oleré en tu boca el aroma melancólico del tabaco. Anocheciendo devoraré tus cóncavos suspiros para llevarte dormida en mis brazos a los cobijos con que has soñado en mi nombre, será una noche de lluvias largas, que es cuando las almas se convierten en grises pájaros entumidos buscando su propio cobijo en las ramas desiertas de la nostalgias. Repetiremos una y otra vez las salvajes reencarnaciones, inevitables y ansiosos, insaciables y felices, dueños del tiempo y sus repeticiones, romperemos la rígida línea temporal para ser uno eterno escondidos en un todavía que titila en todos los futuros nuestros. Yo seguiré cometiendo los mismos errores, evitando el dharma (i) seguiré manifestando los mismos pecados en mis infinitas encarnaciones para no librarme del samsara (ii) y seguir reencarnando tantas veces como sea posibles o necesario acurrucado a tu lado, asumiendo el karma (iii) que me llevará una y otra vez a ti, porque con tu corazón no me basta, quiero todas tus células y todos tus suspiros, las mínimas oquedades de tus poros y el imperceptible roce de tus pestañas, tus pensamientos y tus recuerdos, tu totalidad carnal y tu ser misma absoluta. Tu me induces a violar la fecha, engrupir el tiempo, adelantarlo, traspasar su rígido tictac, apurarlo, soñarnos en un sueño real, concreto, donde nuestros labios de verdad se toquen y yo huela tu perfume y tu sientas mis brazos rodeándote, me incitas a romper la trama temporal (iv), me incitas a desobedecer las leyes de la física, me incitas a desear lo que antes de ti me parecía imposible. De tal manera que he decidido dejar este texto hasta aquí, para siempre inconcluso..., pero no, sé que no será para siempre, solo hasta que reencarnemos en los otros que seremos y no nos importe el que dirán y será lo que soñamos (v), porque seremos esos otros y caminaremos por esas callecitas como si ese mundo, sin diciembres, fuera nuestro. Entonces, en la certidumbre de ese porvenir te prometo terminarlo en ese allá, y asumiendo la teoría de los universos paralelos, lo concluiré de las dos maneras: como si los besos que me debes los pagarás en esta vida vigente, y como si llegaré a poseerte en todos y cada uno los porvenires que me has prometido. Y si no, como ya sabemos, será más temprano que tarde en un café en una esquina de dos calles cuyo nombre aun desconocemos porque todo sucede en un futuro del aquí y del ahora, aun que sin fecha fijada y en una ciudad de la que solo conozco su orilla de río, su música triste y las majestuosas palabras de su ciego inmortal.

(i) Dharma: acciones hechas para bien.
(ii) Saṃsāra: ciclo de nacimiento, vida, muerte y encarnación (renacimiento en el budismo).
(iii) Karma: consecuencia de lo realizado/decidido.
(iv) “Negar la sucesión temporal, negar el yo, negar el universo astronómico, son desesperaciones aparentes y consuelos secretos.” Nueva Refutación del Tiempo, en Otras Inquisiciones, J.L.Borges, 1952.
(v) Si Nos Dejan. José Alfredo Jiménez


miércoles, 27 de enero de 2016

INQUAM… (Intuiciones sobre la rosa encarnada)


“…toda interpretación ejerce sobre el texto una violencia y una arbitrariedad,…” Si una noche de invierno un viajero.  Italo Calvino

Estarás, digo, en los cóncavos cuarzos de ese amanecer donde duermes alejada, dormida en la tibieza y el susurro, cercada por los ojos cerrados del nocturno y por el viento que va tallando los surcos de tu nombre en las ardientes arenas de un sueño desierto. Habrás de intuir, digo, que por estos pagos también se va cumpliendo esa continuidad amorosa del antes, ahora y después, tal como por tus crepúsculos, que los páramos y las piedras nevadas, que las islas y los pájaros, solo esperan nuestras siluetas tomadas de la mano para convocar los cantos enamorados. Permanecerás, digo, porque has sido mar y gaviotas a lo lejos, y de cerca desierto de sales y arenas, caliche, arcillas que detentaban tu nombre en sus grietas de aguas evaporadas, porque me basta imaginar tu corazón palpitante para pensarte aunque esté parcial nublado sin vos y te invoque en tu atardecer caluroso y parcial nublado porque nos sabemos bajo el mismo cielo, y eso nos consuela de la lejanía del insomnio y los parques con sus garúas y sus estatuas. Estarás también, digo, en los arreboles que tiñen las nostalgias de los atardeceres de las rosas profundas, y donde tu mano en la lluvia con sus metales circulares recrea el pequeño y antiguo invierno, ya sucedido, donde los labios se rozaron risueños explorando el húmedo territorio de los besos por los laberintos del tiempo y de las calles de una ciudad aun sin nombre. Sabrás, digo, que persevero en tu búsqueda por los escondrijos de los lagartos y los escarabajos, en los rastrojos del manzanar del otoño, por los bordes ariscos de las lunaciones, en los intraducibles signos escritos en los caracoles y las mariposas, y es que miro las rosas y apareces, miro los arreboles del atardecer y apareces, miro el sol rojo en sus últimos destellos y ahí estás vos dibujada en las siluetas de los árboles, y te digo calladito "no me incites así ácida rosa encarnada que un día voy a encontrarte en ese café que se nos viene y te voy a morder los labios ahí mismo en publico desparpajo y voy a besarte antes de que llegué el primer café y dejaremos que los cigarrillos humeen hasta la ceniza mientras nos incrustamos en el abrazo largo y desesperado que nos debemos", pero después pienso que si te lo digo así tan brusco te asustarás y me lo callo. Sentirás, digo, que voy leyendo tu cuerpo en las pocas fotografías que te retratan de perfil o en penumbras, como un libro al que le faltan páginas, sin tu voz, solo tú imagen silueta sombra repartida en sus dispersos fragmentos, tú riendo, tú de pie leyendo, tú sentada en la orilla, tu reposando lánguida en el solar de piedra, tú dibujada en el mágico destiempo que nos pertenece y en la distancia insobornable que nos obliga a soñarnos. Eso.


jueves, 31 de diciembre de 2015

OTRO AÑO QUE SE VIENE


Vertido será el año en sus memorias desvaídas, irá perdiendo los detalles, la nitidez de sus contornos, la solidez de las mejores horas se disgregarán en arenas o arcillas o cenizas. Faltaron unas siluetas en los parques bajo los atardeceres o entrando la noche, faltó el amor que todo endulza y hace perenne los instantes o los pasos a través del plenilunio, faltó la palabra mejor escrita conjugada en la emoción, que no vino, y los verbos del asombro, la fugacidad de lo cotidiano en los vestigios del entorno perecedero, faltaron ensueños y quebrantos para que las estaciones cumplieran sus designios de garúas o escarchas y ciruelos florecidos, de trigos maduros y lluvias sobre la hojarasca. Ya se disuelve el día último, el nocturno avanza hacía la primera madrugada, se repasan sin mirar atrás los sucesos y los sueños, lo ganado y lo perdido, lo que pudo ser y lo que ya no fue, la suma es alegre, lo que cuenta es lo vivido, la sensación de estar vivo, las miserias y la penas se vuelan con el tintineo de las copas y asumen el color del vino. Hay una quietud establecida, como un muro o las piedras, una intensidad latente sin congojas ni sonrisas, y un vaho turbio que va envolviendo la hora que sucede como una ola hacia la rompiente. Alguien mira el reloj y se pregunta si lo que vendrá tendrá el mismo signo de los recuerdos que ahora se abandonan, si el café y el tabaco conservarán sus sabores y sus aromas, lo demás no importa porque es tierra quemada. Una esperanza chiquita parpadea escondida en la fresca oscuridad del jardín de las rosas, (antaño eran dalias y la soledad aun no tenía nombre), quizá este sea el año de esa boca que perdura en los besos que prometieron los tiempos por venir. Será eso o la risa niña de la Emperatriz de Todas las Reinas que llena la casa de su tierna alegría, la cosa es que yo sigo buscando entre los últimos silencios del año las voces perdidas, los ecos de las siluetas sin rostro y las músicas que desterraron antiguos olvidos.

Diciembre 31, 2015, 22:32.


Imagen: Quebrada Salar del Carmen. Antofagasta. Fotografía del autor, Diciembre 2015.

lunes, 14 de diciembre de 2015

A LO MENOS ALGUIEN DONDE


“Creo que la literatura está para cosas más complejas que sólo contar historias. … La literatura está para ampliar las vivencias, que el pensamiento se expanda y la imaginación pueda ser mayor y podamos sentir más. Y, además, para darnos maneras de decir que nos permitan liberarnos de un régimen del decir.” Marcelo Cohen

Alguien, como un pez atrapado en el fango entre las algas y los negros roqueríos, explora el mundo en tanto niega la persistencia de su mísera realidad convencional. Ciego navegante de alta mar adentro surca sus propios oleajes en las tormentosas aguas de los desvelos que erosionan laboriosos la vigilia, el mustio sosiego, la quietud santificada por el desdén. Habita la palabra en sus engarces barrocos, sobreadjetiva, repite, recarga en excesos ilógicos o abrumadores, busca los deslumbres sin asomos de fúnebres raciocinios. Alguien explora más allá del encanto del desencanto de los abismos marinos donde vagan absurdos e imposibles celacantos, descifra en sus nocturnos vacíos palimpsestos y equivocados portulanos, iluso pretende la inalcanzable verdad de todas las verdades, capturar la última noción de indiferencia del frío e imperturbable Universo, el absoluto cristalizado, inmóvil, la inmensidad inasible donde a la larga todo sucede porque el tiempo allí es infinito. Alguien sostiene perfectas falacias para engañar la razón que lo infecta como un virus inmortal, intenta así borrar los rastros de su íntimo calvario y las cicatrices de todas sus inútiles victorias, la travesía del barro a la ceniza, los intervalos de arena disgregada y de polvo disperso, suma cero. Alguien juega a ser un dios indiferente dispersando pompas de jabón y vilanos de diente de león en la brisa de la transcurrida primavera y en el viento desbordado del estío. Donde el cauce previsto dejó las cárcavas como heridas sin sangrar en las pendientes de las resecas lateritas, en los rojizos y en los ocres de su otoño terrestre, aciago, intenso, antiguo como las piedras engarzadas en las sangrientas arcillas. Donde los espejos mienten porque solo reflejan la máscara, el rostro quieto de lo que no somos, la sonrisa mentida, los ojos que no miran porque ya han visto todo, y solo repiten en sus pupilas el cansancio del que ha vagado por los años siempre con rumbo equivocado. Donde las lluvias escriben con sus grietas en el barro sus mensajes cuneiformes donde están los códigos perdidos que permitirían descifrar los misteriosos ruidos del agua que rompen los cántaros del desamparo. Donde alguien dejó la marca, la huella purulenta, el tajo sangrando, los alelíes desesperados en la bruma de lo perdido y el desorden del verano repartido en las lajas de cuarzo y los caracoles enterrados, y se sumergió hecho sombra, digno e inmortal, como un pez atrapado en el fango.

Imagen: Saltarín del fango, Periophtalmus koelreuteri.


sábado, 14 de noviembre de 2015

VERTIDO SERA EL SILENCIO


“Con su linealidad dispersiva, preocupada en ir a todas partes, la poética neo-no-barroca impulsa su unidad en la fragmentación, en las lecciones de distracción carentes de objetividad, en su constante recurrir a la impersonalizacion del sujeto autoral.” Neo-no-barroco o barroco: Hacia una perspectiva menos inexacta del neobarroco. Eduardo Espina, Abril 2015.

Fulguraciones del pasado que se quedó enquistado en un desierto de pasos lentos que guarda las huellas milenarias en un caliche quebradizo, o sumergido en un mar lejano de barcos anclados al pairo en la rada de cormoranes y pelícanos rasantes sobre las albas espumas, profundas perturbaciones de la realidad que convergen en ilusorias dimensiones atemporales, en la oquedades que van quedando en las horas de ocio o somnolencia. La temporalidad se bifurca en el destello continuo del ahora que acontece cuántico y palpable, sin futuro posible, sin tentaciones ni premoniciones, sin ni siquiera tenues expectativas, y en la algarabía de un ayer de sensaciones perdidas u olvidadas en el trasiego de las memorias demasiado transitadas. A contraviento del tiempo con sus horas marcadas, de los soles que giran establecidos en su propia indiferencia, y del eco o reflejo que devora con repeticiones y olvidos, en los hábitos del contraluz parpadean perennes imágenes que perduran en su sencilla latencia como el musgo en el muro de adobes que espera paciente el invierno para recobrar sus breves esmeraldas. Un vaho de nostalgia asume entonces el poniente, rabiosos arreboles acorralan el enjambre de dudas insolubles y circunstancias equivocadas. En lontananza el negro velero de la noche cursa los oleajes atardecidos del negro mar de las lunas con su único navegante; un arcángel enfurecido que vocifera de pie en la proa salpicado de espumas refutando la divina voluntad. Torvo el oscuro disemina sus semillas en un crepúsculo de estrellas congeladas antes que retornen las sombras de las sombras caminando extraviadas por los senderos de las consabidas penumbras, como ágatas antiquísimas encapsuladas en sus sedosas perlecencias, como los matices texturales de los crisoberilos en color verde amarillento y sus pervertidos brillos vítreos. Las calles del barrio se vacían apenas el ocaso se deshace en las fuliginosas honduras, sobreviene entonces un vasto silencio urbano que no alcanza a plagiar la húmeda monotonía de las lucecitas tristonas de los faroles engarzados en los brumosos follajes. Un nocturno milenario va cargando de monotonías el insomnio, el sujeto, inmerso en esa densidad oblicua, sigue extraviado en sus caóticos pensamientos, ensimismado, solitario, sin la urgencia del ahora que se deshace, arena o ceniza, en ese tupido intervalo de tiempo. Sabe, y eso lo conforma o a lo menos atenúa sus agobios, que hacia el fondo del bosque se iniciará al alba el misterio de la pequeña y secreta felicidad de volver a oler el lejano perfume de la madreselva.


jueves, 29 de octubre de 2015

Y SERA MI VOZ


Oirás mi voz en el descampado de tus rutinas, cuando dejas que los silencios florezcan en los cuartos oscuros, el musgo de la quietud crezca sobre los muebles y el fino polvo de los días se arrime acumulado en el quicio de los ventanales, misteriosamente entonces oirás mi voz afanando un poema que reconocerás como tuyo por dos o tres palabras, los códigos de nuestros desamparos, y será sin asombros ni deslumbres porque intuirás su vigencia inmediata, casi cotidiana, como el hervor del agua en ese otro fuego o el azúcar del café que se queda como un amoroso resabio escondido en tus labios. No huirás por los susurros que vertidos en ti resplandecerán en sus trabajados artificios ni por el estremecimiento contenido para no quebrar los signos y los símbolos, las perfectas coincidencias o la tenebrosa virtud del destiempo. De los encantos del sonido pulverizado para seducirte se desplegarán los vuelos de los verbos, las minuciosas vocales y las abruptas consonantes que emigran de mi boca a tu oído buscando anidar en tus lejanas instancias de sosiego, allí donde eres otra, distinta e incesante, ajena, ese lugar que me esconde cómplice de tus ensueños enmascarados y de las elisiones donde no me nombras en el mediodía para que yo te aceche nocturno en la turbias horas del insomnio. Todo te sucederá como un eco que se eterniza en sus reverberaciones o se oculta en los maceteros de los geranios, en la curvatura de las copas, en ese matiz antiguo que envejece en las maderas, en la dualidad imperceptible de los objetos en desuso y en los vestigios de otras voces que permanecen enredadas en las telarañas de los rincones inaccesibles. Escucharás ruborizada que murmuran tu nombre secreto mientras te reflejas en la penumbra del espejo, y será mi voz en cautiverio que hará florecer tus sonrojos, sonreirás seductora mirando tu boca pensando como será el beso de esa voz que te sumerge y te inunda con su entonación de rumor de oleaje, su cadencia poética, su grave tonalidad viril y su pétreo timbre de hombre cansado. La serena soledad de tu clausura propagará la resonancia del canto triste que solo tu oirás entre el tumulto y el trasiego de tus quehaceres consabidos, olvidarás algún objeto para ir a buscarlo por los sitios donde mi voz acontezca en su sonoridad más diáfana y asegurarte que te siga persiguiendo resonando en los muros y los vidrios hasta hundirnos desaparecidos en el vasto silencio de la noche.


martes, 27 de octubre de 2015

AQUÍ LA SOMBRA


Las palabras son armas que, al dispararse, dibujan la frontera entre lo que existe y lo que no existe porque simplemente no puede nombrarse. Ludwig Wittgenstein

Aquí la sombra de los palquis sobre el estanque, la quietud de su espejo que refleja cielo y follaje, nubes navegantes y pájaros inquietos, mientras los carassius deformes nadan en un agua lenta y transparente, la tarde se abre a las angustias del ocaso antes que los grillos y las orugas se encierren en sus oquedades vegetales, un desborde de arcángeles iluminados pero ciegos inician la solemne ceremonia del destierro. Aquí la sombra de los ojos que no te vieron enmudece para que no se borre tu silueta entre las ramas de las lilas, porque eres en todos los delirios, en la tierra aun húmeda de invierno, en los perfumes esparcidos de la acuciante primavera, eres en la tierna monotonía de las lluvias otoñales y en los amarillos pastos que cierran el estío. Aquí la sombra que se sumerge en los ecos de otras voces innumerables, la plenitud del recuerdo que acontece como si fue ayer que se oyeron en sus susurros perdidos en la vastedad de ese yermo de piedras y rostros sin solución de continuidad, palabras que equivocaron la noche del asedio, imágenes enterradas en las arenas tristes de las memorias incrustadas entre blancas espumas de un mar verdiazul y líticos púrpuras lejanos. Aquí la sombra donde encallan tus naufragios, el rito y la servidumbre, los últimos equinoccios que urdieron tus manos en su llaneza esquiva, el eclipse sustentado en la sugerente ambigüedad de tus párpados, la mañana del día siguiente donde siempre no estabas, no eras, no existías sino en la laxa nostalgia de la penumbra de la víspera o en la percepción inolvidable de ti en esa esquina atardecida con tu vestido de estampado cachemir en verde azul violeta con sus gotas de agua curvadas sobre las sensuales curvas de tu cuerpo. Aquí la sombra que invade el silencio, tu silencio, como un oleaje devastador que rompe los muros y los barcos, como un viento telúrico de origen y retorno, de albas entumecidas sobre los musgos y los trigales, de escarchas y hielos, de la medianoche en que descubrimos el fuego y ardimos ensimismados, solitarios y ausentes en el estiaje de lo que habíamos sido, invisibles a los otros y al azogue. Aquí la sombra lunar que definen los rosales buscando el dibujo de tu boca trazado a besos sobre mis labios. Aquí la sombra solar en su nítido contraste que te infiere entre la duda y la certeza de que nunca estarás.