sábado, 22 de noviembre de 2014

ANTIGUA TRILOGIA PARA IRINA


Duermen en tus ojos las crisálidas de aquellas perdidas primaveras que buscas en la quieta esperanza de un día con un aquí y un ahora donde el túnel de tus insomnios se abra al soleado y verde paraíso. Tu rostro dibuja en su tristeza la sagrada y desolada soledad de tus sueños ya cristalizados, enterrados en la sombría nostalgia del amor que no ha bebido aun de ti. Tu boca apenas sonríe mintiendo en el negro negro embrujo de la pena, escurriendo desde su vertiente secreta sin palabras, sin un gesto, toda solitaria. Ahí, en el reflejo de tus rasgos de reina inmóvil, de musa que agoniza en su silenciosa melancolía, están todos los ponientes de la reseca comarca donde tu corta infancia se deshizo en fragmentos y tu delicada juventud fue largo otoño y fría nieve. Pero sobre tu belleza misteriosa sobrevuelo, halcón hambriento de tu encanto incesante, hasta atraparte una tarde de lluvias inciertas, robándote con ternura de tu arduo presente para ir a anidar nuestras rebeldes ausencias en la lejana y alta arboleda de los sueños. Duermen en tus ojos las crisálidas de aquellas perdidas primaveras porque en tu rostro se dibuja una dulce tristeza sagrada y eres entonces toda soledad, virgen de sueños cristalizados, imagen pura de la nostalgia de un amor ingrato que no ha bebido de ti. Tu boca sonríe mintiendo en negro embrujo la pena, escurriendo desde su secreta vertiente sin palabras, sin un gesto, toda soledad. Ahí, en el íntimo reflejo de reina inmóvil, de musa que agoniza, está la silenciosa melancolía, están todos los ponientes de tu reseca comarca de tu infancia fragmentada y de tu delicada juventud como un largo otoño y su premonición de nieve. Pero como halcón hambriento sobrevuelo cazador herido de ti sobre tu belleza misteriosa, sobre tu encanto incesante, esperando atraparte furioso y sangriento una tarde de lluvias inciertas, para robarte con mis garras en aterradora ternura de tu arduo presente e ir a anidar nuestras rebeldes ausencias en ese lejano y alto roquerío de mis sueños. Duermen en Sus ojos las crisálidas de aquellas perdidas primaveras. Busca en la quieta esperanza un día con un aquí y un ahora distintos. Intuye o desea que túnel de Sus insomnios se abra al fin al soleado paraíso. Su rostro dibuja en su tristeza la sagrada soledad de sueños cristalizados. Sabe que enterrado en la nostalgia está el amor del que aun no ha bebido. Su boca miente el embrujo de la pena, sin palabras, sin un gesto, toda soledad. En Su reflejo de reina inmóvil, la musa agoniza en silenciosa melancolía. Allí están los ponientes de Su reseca comarca con Su infancia en fragmentos. Allí Su delicada juventud como un largo otoño y su premonición de nieve. Sobre Su belleza sobrevuela un halcón hambriento de Su encanto incesante. Día llegará en que la atrape, una tarde de lluvias inciertas, con feroz ternura. Será esa noche entonces, sin Su arduo presente, que anidaran sus ausencias. Solo el secreto de un lejano y alto roquerío verá como encienden sus sueños.

Diciembre, 2008.

Nota.- Debe leerse escuchando la mejor versión en clavecín de la Sonata en sol mayor, Allegro, K.455, de Domenico Scarlatti.


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